Retorno al minimalismo y una serpiente despistada
Hace ya algún tiempo que no escribo en el blog. Como ya sabéis algunos, llevo varias semanas con problemas en el empeine del pie derecho, y entre eso y los incendios, que nos afectaron personalmente, no es que haya salido demasiado a correr.
Pero por fin este domingo he disfrutado de una más que merecida tranquilidad, lo que me ha permitido calzarme las zapatillas y echarme a la calle. Y aquí empieza lo interesante de esta entrada, en eso de «calzarme las zapatillas». No sé si recordáis que hace tiempo, cuando el mundo era joven, yo corría con calzado minimalista. Pero como era inexperto, y más bruto que una infusión de pan rallado, simplemente salía a correr. Ni entrenaba fuerza ni hacía apenas ejercicios específicos para fortalecer los pies. Si a eso le sumamos que daba unos saltos considerables en el número de kilómetros semanales que corría, era cuestión de tiempo que llegase una lesión (eso lo sé ahora, en su momento era el tío más feliz del barrio correteando por el monte). Y así llegó la temida fascitis plantar. Por suerte no fue nada grave, y con unas sesiones de fisio la dejé atrás sin mayor inconveniente. Pero claro, cogí miedo. En vez de achacar la lesión a lo bruto que había sido, la achaqué al calzado. Así que, con todo el dolor de mi corazón, cambié mis queridas minimalistas por unas zapatillas convencionales.
Así estuve corriendo un buen tiempo, hasta que apareció el dolor en el empeine del que hablaba al principio y me vi obligado a parar otra vez. Fui al fisio, pero no obtuve demasiados resultados. Me seguía doliendo, y pese a todas las tretas y atados de cordones diferentes que probé, no dejaba de hacerlo. Entonces fue cuando me di cuenta de que el dolor comenzaba apenas me calzaba las zapatillas. Y también me di cuenta de que cuando me ponía las minimalistas para salir a hacer cualquier recado no me dolía en absoluto. Y pensé: ¿y si la amortiguación de estas zapatillas me está haciendo más mal que bien?». Así que decidí que podía probar a hacer una salida corta con las minimalistas, a ver qué pasaba. Que es justo lo que he hecho hoy.
Y os juro por mi propia vida que hacía mucho que no disfrutaba así del simple hecho de correr.
Comencé caminando unos minutos, para movilizar bien pies y tobillos. Entonces empecé a correr. Cuando di la primera zancada lo hice con algo de miedo, no os voy a engañar. Demasiado tiempo sin correr con algo tan liviano en los pies y unas suelas tan delgadas. Pero desde el primer momento fue como si jamás lo hubiera dejado. Adapté la longitud de la zancada y comencé a pisar con el mediopié con total naturalidad. Al principio experimenté una leve molestia detrás de la rodilla izquierda, pero con el transcurrir de los minutos fue desapareciendo. Y del dolor en el empeine ni rastro.
Cuando llevaba unos diez minutos paré, y comencé a caminar otros cinco, para no sobrecargar pies y gemelos. Entonces comencé a correr de nuevo, y ahí fue cuando me atacó la serpiente.
A ver, quizá atacar sea un poco exagerado, porque el animalito estaba enroscado sobre sí mismo durmiendo, meditando, o haciendo lo que sea que hagan las serpientes. Pero a mí me dio un susto de muerte, y eso ya lo considero un ataque. El caso es que cuando pasé por su lado pensaba que era un plástico, o quizá un trozo de cuerda que alguien había tirado allí. Pero un segundo vistazo me hizo ver que de plástico nada. Así que pegué un brinco hacia un lado que ríase usted de Barýshnikov. Que menos mal que no venía nadie más por allí, porque me habría subido a su chepa sin pensármelo dos veces. Luego ya me di cuenta de que la serpiente habría salido de una zona forestal cercana, y que quizá estaba allí esperando los primeros rayos de sol.
Pero vaya, dejado el susto atrás seguí con mi ruta, volviendo a hacer una pausa de cinco minutos pasados los diez siguientes minutos de carrera. Y así llegué hasta casa, habiendo hecho tres series de diez minutos corriendo y cinco caminando. Y lo que es más importante, con el empeine perfectamente.
Es cierto que el ritmo de carrera se ha resentido. He pasado a hacer un minuto más por kilómetro, aproximadamente, pero a mí eso me importa entre cero y nada, así que no hay problema.
Y lo más importante: he vuelto a rescatar mis queridas minimalistas, espero que por mucho tiempo, y he recuperado la felicidad al correr.
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