Un chaval de veinte años con las hormonas revolucionadas
Hoy he estado muy cerca de no salir a correr. Después de las lluvias de ayer parecía que el clima nos iba a dar un respiro, pero al levantarme he mirado por la ventana y el cielo estaba más negro que el corazón de muchos políticos que no voy a mencionar. Pero después de desayunar han comenzado a abrirse algunos claros, así que me he echado un cortavientos, por si acaso, y me he lanzado a los caminos.
Hacía fresco, y bastante aire. No era el día más cómodo para correr, la verdad, pero nadie dijo que esto fuese siempre divertido. Al poco de salir, con el cuerpo ya caliente, el cortavientos comenzó a sobrar. Pero cuando ya estaba a punto de parar para quitármelo comenzaron a caer unas gotas. Como no era mucho seguí tirando, aunque la cosa duró apenas unos minutos y enseguida escampó.
El día estaba como estaba, así que apenas me encontré a nadie. Quizá dos o tres personas paseando al perro o a ellos mismos. Seguí los caminos habituales, con bastante barro y charcos, eso sí, y ya comenzando la temporada de esquivar caracoles, así que más pendiente de ellos que de las piedras. En un momento dado me ha pasado algo bastante gracioso: un conejo ha aparecido a todo correr por el margen izquierdo del sendero por el que transitaba en ese momento. Pero en cuento me ha visto ha derrapado hasta detenerse y se ha vuelto a esconder a todo correr. Me ha recordado al gif aquel en el que un niño entra corriendo en la sala de estar y entonces, cuando ve que lo están grabando, se da la vuelta sorprendido y vuelve por donde ha venido.
Ya estaba de vuelta, casi llegando a casa, cuando a lo lejos vi a un corredor que venía en mi dirección. Había llovido otro poco, y el aire volvía a hacer acto de presencia, con lo que el día estaba un poco revuelto y calor, lo que se dice calor, no hacía. Pues bien, cuando el chaval, que tendría unos veinte años, llegó a mi altura, vi que llevaba la camiseta enganchada en la cinturilla del pantalón, y el torso descubierto cual tarzán del mundo moderno. Los dos nos saludamos con mucha cortesía, como debe hacerse entre runners, pero yo me quedé con ganas de preguntarle si no tenía frío, porque con el aire se queda el sudor heladito, y también que cuando llegase el verano cómo iba a ir, porque ya me lo imaginaba corriendo en calzoncillos por los caminos. Pero claro, como ha dicho mi mujer cuando se lo he contado, los chicos con esa edad tienen las hormonas revolucionadas, y no pasan frío ni en Burgos en pleno mes de enero.
En otro orden de cosas, he pasado de los trece kilómetros, así que seguimos con paso lento pero seguro buscando el objetivo de la media maratón.
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