Un culo hecho polvo y una visita a Vlad Tepes

El pasado martes tocó visita al fisio para intentar eliminar del todo las molestias en el glúteo y pierna que arrastro desde que comencé con la ciática. Para correr la verdad es que apenas me afecta, pero para conducir ya es otra historia, así que allá fui, con la dulce inocencia de un niño que no sabe lo que le espera.

Mi fisio es muy buena, pero estoy convencido de que en otra vida fue Jack el Destripador. O quizá Vlad Tepes, no lo sé. El caso es que acabé indefenso y despojado de mi orgullo y de mis pantalones, tendido boca abajo en la camilla y a merced de unas manos sedientas de sangre. Debo decir que apenas lloré, lo que me llena de satisfacción, porque me dejó el culo marcado, quizá de por vida, con unos terribles (bueno, quizá no tanto) moratones. Entre el masaje y la punción seca estuve dos días que parecía un cervatillo recién nacido.

Así que decidí tomarme la semana de descanso relativo. El jueves, en lugar de salir a correr, me quedé en casa entrenando fuerza, y ya hoy, que era capaz de dar dos pasos seguidos sin que se me doblasen las rodillas, volví a los caminos.

Con un tiempo primaveral como hace semanas que no teníamos, y con los senderistas saliendo como si fuesen champiñones, comencé la ruta. Ya solo por el hecho de cambiar el gorro por la gorra el día valió la pena, pero además debo decir que mi maltrecho culo respondió bastante bien. Es cierto que, a mitad de camino, noté que se cargaba un poco, aunque sin llegar a ser doloroso, por lo que decidí volver a casa un poco antes por lo que pudiese pasar. Eso sí, el camino de vuelta lo hice realmente rápido comparado con otros días, en los que vuelvo más como un alma en pena que como un ser humano.

Ya en casa, la sesión de estiramientos confirmó que el culo estaba mejor. Aunque lo seguía notando cargado, no me molestaba tanto como otras veces. Eso sí, no descarto una segunda visita a Vlad (quién dijo miedo), porque el volver a vivir el día a día sin dolor bien vale que te dejen el culo hecho polvo.