Jamás pude tener un diario íntimo. Jamás tuve esa constancia (oh, la bendita constancia, ¿alguien tiene un buen revendedor de confianza?), unas pocas páginas, unos pocos días fue lo más que llegué en contadas ocasiones en mi infancia y pubertad. Un cuaderno lindo, guardado con celo y elegido con mucho cuidado para un fin tan noble, desperdiciado —gran mal y trauma de mi generación—. Sin embargo algún día a finales de 2015 decidí, váyase a saber por qué, anotar el libro que terminé de leer, La historia interminable de Michel Ende. Seguramente pensando que no me duraría mucho y sin embargo, para sorpresa de nadie porque sino por qué estaría aquí escribiendo esto, seguí ininterrumpidamente anotando cada libro que leí en estos once años, y continuaré. No me considero una persona especialmente analógica, sin embargo, no logré pasar el hábito de documentar mis lecturas a plataformas como Goodreads (sí está actualizado, pero es una tarea que me obligo a hacer). Mi Diario de lecturas, que recibió formalmente este nombre recién hace unos cuantos meses, luego de que mudara, en un trabajo artesanal y algo amateur, las hojas desde el cuaderno original, ya sin espacio, a uno nuevo y reluciente —de paso y para ponerme melancólica, con una dedicatoria de mi mamá y una foto de mi papá, los dos grandes culpables de mi amor a la lectura—. Así como mutó de caparazón fue cambiando el estilo, la información que pongo de cada libro, qué escribo sobre ellos, para quién, cómo. Luego de las primeras tres entradas empecé a anotar la fecha en la que empezaba y terminaba el libro (una maniática, ni yo me creo capaz), costumbre que mantuve mucho tiempo, que ya no hago porque me empecé de olvidar de anotar pero es una información que extraño tener. Durante mucho tiempo también mis anotaciones bajo los libros fueron cortas, más bien mis impresiones generales (muchas veces anotaba antes de empezar a leer y otra al terminar). Fue alrededor del 2021 que empecé a desarrollar un poco más mis notas, como especies de mini reseñas para mí misma. El nombre que le terminé poniendo fue un poco una revelación y suena muy cliché, pero realmente en estas páginas está mi vida en lecturas, es un diario que da cuenta de mi crecimiento, solo que escondido atrás de los libros que no dejaron de acompañarme ni un solo día. No siempre es claro pero de vez en cuando, volviendo en mis entradas desordenadas, pienso «así que esto estaba leyendo en ese momento» o «así que eso fue en esta fecha». Me da ternura y gracia volver a entender qué sentí al leer esos libros, mis enojos, mi admiración, mi incomprensión, la primera vez que encontré a quienes hoy amo y admiro. Me asombro a mí misma con mi visión a futuro, redescubro los caminos que me llevaron hasta hoy, me hago reír (en lo que concierne a mi escritura, tengo cero modestia). Se me había ocurrido un giro super poético y original con respecto a que el primer libro que anoté fue La historia interminable. Se me fue. Sería algo por el estilo de que al final mi Diario de lecturas terminó siendo una especie de historia interminable para mí, qué ironía la de la vida.