Segunda parte

El contenido del archivo LEEME.TXT es el siguiente:

Por favor, no vuelvas a borrar los archivos. Estoy en peligro y son mi único seguro de vida. Necesito tu ayuda.

Leí el texto una vez más. ¿Qué mierda de broma es esta? Dije en voz alta. Un par de segundos después, mientras todavía estaba pensando en si volver a borrar los archivos o mantenerlos, apareció una ventana con el aviso:

El contenido del documento ha cambiado ¿Quiere recargarlo?

¿Qué hago ahora? Fue lo primero que pensé, pero cuando me quise dar cuenta ya había pulsado el botón para recargar el contenido. Al final del texto apareció una nueva linea:

No es una broma. Si nadie me ayuda, pronto habré muerto.

Mierda, mierda, mierda. Me están escuchando. Apagué rápidamente el interruptor de la regleta a la que está conectado el ordenador y desenchufé el disco externo.

En ese instante entendí porqué el precio era tan atractivo: había pagado para que me hackearan el ordenador. ¿Qué hago ahora?¿Formatear el ordenador? No tengo copia de seguridad de todos los datos. Maldita costumbre de posponer todo para el otro día. Pero ¿Y si es una broma? Seguro que es una broma. Intenté convencerme a mí mismo.

Después de dar varias vueltas por la habitación frotándome con las dos manos la cabeza y susurrando la palabra estúpido una vez tras otra decidí probar suerte: apagué el router y encendí el ordenador. Nada. No arrancaba. Cero señales de vida. Completamente muerto. Era peor de lo que esperaba. No, espera. Apagaste la regleta atontado!!.

Efectivamente. El piloto rojo de la regleta estaba apagado. Encendí la regleta, pulsé el botón del ordenador y comencé a escuchar el sonido del ventilador.

Ya veía una luz de esperanza al final del túnel. Aparecieron los mensajes de arranque del sistema operativo, pero de repente se detuvo en una línea con texto rojo:

Por favor, conecta el disco externo o despídete de todos tus archivos.

Seguir pensando que podía ser una broma era engañarme a mí mismo. La frase no podía haber sido más clara.

Tras cagarme en todos los antepasados del que me vendió el disco externo lo conecté de nuevo. Apareció una nueva linea, esta vez en verde:

Gracias por ayudarme. Lamento haber tenido que amenazarte.

Encima con cachondeo. Ni que me hubiera dado más opciones. Eso sí, al menos fue educado.

El ordenador continuó arrancando y pronto apareció el escritorio. Sin haber tenido tiempo todavía ni de tocar el ratón se abrió el archivo LEEME.TXT y había nuevas lineas de texto:

En serio, no es una broma. Me queda poco tiempo y necesito que me ayudes. Ayúdame.

De nuevo apareció la ventana indicando que había cambiado el contenido. Lo recargué:

Ayúdame.

Recargar:

Ayúdame.

Recargué otra vez:

Ayúdame.

¡Está bien, te ayudaré! Le grité a la pantalla del ordenador. Y recargué una vez más:

Gracias. Mantén encendido el ordenador y no desconectes el disco. También necesito que vuelvas a conectar el ordenador a internet.

Ya ni me planteé oponerme a lo que me pedía. Encendí el router y escuche como el ventilador del ordenador empezó a acelerarse. De nuevo tuve que recargar el archivo:

Ahora espera hasta que te avise. Te prometo que cuando esté a salvo te recompensaré.

El ordenador estuvo trabajando a pleno rendimiento.

La primera media hora estuve delante de la pantalla mirando a ver si aparecía algún mensaje. Pasada la primera hora ya había ido varias veces a la cocina a coger algo que comer. Al final me cansé de esperar y me puse a ver una película.

Me había quedado dormido cuando una voz artificial me despertó. Ya había anochecido. Habían pasado casi 5 horas!!

— Necesito que te espabiles — Me dijo la voz que venía del ordenador —, tenemos mucho trabajo que hacer.

Me senté en la silla del ordenador mientras me frotaba los ojos para dejar de ver borroso. El documento LEEME.TXT ya no estaba abierto. Apareció una ventana nueva con una hoja de cálculo que contenía una lista de artículos y una URL al lado.

— Lo primero que vas a hacer es comprar todo lo que hay en esa lista.

Abrí el primer enlace, vi el precio y solté una carcajada bien ruidosa.

— ¿Tú crees que yo soy rico? No puedo comprar eso. — Abre el archivo 0000001 de la carpeta BC que hay en el disco — Contestó inmediatamente la voz del ordenador.

Busqué el archivo y lo abrí. Contenía 12 palabras.

— Son la semilla de una cartera de Bitcoin que puedes utilizar para pagar todos los artículos. — Continuó explicando la voz.

En primer plano apareció Electrum, una aplicación monedero para Bitcoin que ya había utilizado anteriormente cuando me dio por aprender algo de las cryptomonedas.

Utilicé las 12 palabras para recuperar la cartera y apareció un saldo de 0.25 BTC. Rápidamente fui a buscar cuánto era eso en euros y comprobé que era mas que suficiente para comprar todo lo que había en la lista.

Si no sabéis que fue lo siguiente que hice os lo cuento: abrir el archivo 0000002. Estaba lleno de texto incomprensible.

— Buen intento — le escuché decir a la voz —, pero todos los archivos están cifrados. Los iré descifrando según los vayas necesitando.

Había miles de archivos como ése ¿Todos eran semillas para carteras de Bitcoin? ¿Cuánto dinero podía haber en total?

— Comienza cuanto antes a comprar los artículos y cuando te hayan llegado avísame — concluyó la voz.

¿Que le avise?¿Cómo que le avise?

— ¿Cómo te aviso? — Le pregunté pero no obtuve respuesta.