Unboxing

La semana pasada compré un disco SSD externo de 2TB a un buen precio. Tan buen precio que me parecía una estafa, pero después de leerme tropecientas reseñas positivas al final decidí llevarme la única unidad que quedaba.

Ayer, a ultima hora de la tarde, llegó y juro que hasta que no vi al repartidor con el paquete no respire tranquilo. Estaba hasta nervioso, que no me había pasado desde hace 20 años que se me ocurrió comprar un violín en una subasta de eBay. Sí, un violín que está cogiendo polvo en el camarote porque después de varios intentos pensé que el mundo no se merecía tanto sufrimiento.

Bueno, que me desvío del tema. Como por lo visto ahora está de moda hacer unboxing hasta de las bolsas con la compra del supermercado yo voy a hacer el unboxing de mi disco duro recién adquirido.

La primera impresión que tuve es que la caja era bastante voluminosa y pesada para ser un disco externo. Pensé que me habían colado un ladrillo, así que puse el teléfono móvil a grabar y empecé a abrir el paquete. La verdad es que había mucho plástico de burbujas envolviendo otra caja mas acorde con el tamaño de un disco duro. No creo que hubiese sufrido daños en el trasporte aunque me lo hubieran lanzado desde un avión para hacer la entrega.

La caja que contenía el disco era la típica de cartón corrugado color marrón, con apertura superior. Sin ningún tipo de serigrafía. Dentro estaba el disco. Literalmente un bloque rectangular de color negro de un material que no sé sí era plástico o metal. No quedaba ni un milímetro de espacio entre el disco y la caja. Ni corcho blanco, ni bandeja de plástico, ni manual, ni nada. Solo el disco. No sé si hicieron la caja al tamaño del disco o el disco al tamaño de la caja, pero no entraba ni un pelo. No había ni cable Micro B o USB-C. Lo del cable me parece un fallo imperdonable, merecedor de una mala reseña. No entiendo por que ninguna lo mencionaba.

Tras una larga pelea para sacar el disco de su caja, confirmé que efectivamente era un bloque negro rectangular con esquinas de 90 grados y hecho de una única pieza. Desde luego, una de las cosas en las que habían ahorrado era en el diseño exterior. En uno de los laterales tenía el puerto USB C. Afortunadamente tengo unos cuantos cables de este tipo. Nada más en ninguna de las caras, un claro ejemplo de diseño minimalista.

Conecto el disco a mi portátil con Linux Mint, soy un friki de Linux ¿qué pasa?, y lo detecta sin problemas.

Primera sorpresa, si tenía pilotos luminosos para indicar la actividad en la cara superior. De hecho, es una especie de logotipo de un búho hecho en ASCII Art con luz azul neón extrañamente, pondría la mano en el fuego, parecido al logotipo de un blog que tuve hace muchos años sobre errores de software y como solucionarlos.

Segunda sorpresa, no esta vacío, tiene datos. Esto si es reseña mala que les va a caer. Hay una carpeta con el nombre BC con decenas de miles de archivos pequeños nombrados con números consecutivos y sin extensión, un archivo README.TXT y otro archivo MODEL.ME enorme. Este ultimo archivo, según las propiedades, ocupa 78 TB lo que es imposible porque el disco es de 2TB. Posiblemente el archivo este dañado y con la esperanza de que el disco funcionase bien lo formatee. Si os preguntáis si leí el archivo README.TXT que sepáis que estaba lleno de carácteres sin sentido. Seguramente, también dañado.

Tras formatearlo, ya aparecía que el disco tenía el espacio que tenía que tener y le copie toda la morralla que tengo en el disco del portátil. Copia rápido y lo copia bien. Me recupero del microinfarto.

Pasamos a mayores, le meto toda la morralla del equipo de sobremesa que ese si que tiene gigas y gigas para estar un buen rato. Ahí se queda el logotipo del búho parpadeando con su lucecita azul. Le pongo un cuaderno encima para que no me moleste y me voy a dormir.

Hoy en cuanto me he levantado he mirado a ver como había ido la copia.

Tercera sorpresa, han aparecido de nuevo la carpeta BC con todos sus archivos, el archivo MODEL.ME y … un archivo LEEME.TXT. Esta vez si que el contenido es legible. Bienvenido de nuevo, microinfarto.