RHABABERWÄHE

El ruibarbo es muy popular en el norte de Europa. Tiene un sabor bastante ácido, así que no hay que escatimar con el azúcar. La temporada comienza en mayo y dura unas cuatro semanas: en cuanto empieza a apretar el calor, aumenta la concentración de ácido oxálico, volviéndose algo tóxico.

Ramitas de ruibarbo sobre una encimera. La parte más cercana a la raíz es muy roja y va pasando gradualmente a verde conforme se acerca al arranque de las hojas.

A las ramitas hay que quitarles las partes más fibrosas de los extremos y luego pelarlas a lo largo. Según lo tiernas que estén esto puede ser muy satisfactorio o un infierno.

Trocitos de ruibarbo ya pelado en un bol.

Ponemos el ruibarbo con una cucharada de azúcar a reposar y mientras tanto hacemos el Mürbteig.

Cuando ya han reposado las dos cosas, forramos un molde con papel de horno, amasamos el Mürbteig con un rodillo y cubrimos el molde. Esta masa se puede trabajar como si fuera plastilina. ¿No sale cuadrada? Pues se van quitando parches de donde sobra y poniendo donde falta. ¿Se rompe? Pues se remienda.

Se cubre con el ruibarbo y el jugo que ha producido mientras reposaba con azúcar.

Molde esmaltado cuadrado con papel de horno, masa y el relleno de ruibarbo.

Este es un buen momento para calentar el horno, con ventilador, a 190°C.

En un bol hay que batir dos huevos, 150 ml de nata, un sobre de azúcar vainillada, tres cucharadas de azúcar y una pizca de sal. Verterlo por encima y hornear en la bandeja inferior durante unos 35 minutos, hasta que esté doradito pero no requemado (hay poco margen para esto así que no le quitéis ojo).

Rhabarberwähe, ya listo.

Si os faltan ingredientes, vais con prisa o no os quedan cucharas, podéis sustituir el Mürbteig por hojaldre de supermercado. Sale muy rico también.

Post original