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Mi último gran descubrimiento — El Sinclair ZX Spectrum y El Mundo del Spectrum Pódcast
Corría la primavera del año 1988 cuando vi y toqué por primera vez un microordenador de 8 bits, un Amstrad CPC 6128. Fue en casa de un compañero de clase de 4º de EGB y no recuerdo por qué motivo me invitó a verlo. Quizás fui yo quien se lo pidió. Solo recuerdo que los MSX me llamaban mucho la atención cuando los veía en los escaparates de algunas tiendas, sobre todo por las cuatro teclas de cursor que solían ir dispuestas en forma de cruz. Como a tantos niños de la época, el CPC 6128 me maravilló, me pareció algo mágico y extraordinario, y creo que en ese instante nació en mí el deseo de tener uno algún día. Su pantalla a color, sus gráficos y su disquetera de 3” eran algo fuera de serie, aunque el teclado no era tan bonito como el del CPC 464. Pero la posibilidad de grabar y cargar programas y juegos en un cassette me parecía algo extraño y poco seguro.
Pues bien, en octubre de ese mismo año mi padre se decidió a comprarnos un Amstrad PCW 8256 en la antigua tienda Radio Borne de Palma, que, a falta de El Corte Inglés, era el principal punto de venta en Palma de cassettes, discos y cedés, reproductores de alta fidelidad (Hi-Fi) y hardware/software informático. El PCW era una especie de Frankenstein porque tenía cosas de CPC y cosas de PC sin ser ninguno de ellos. No obstante, aprendí a amarlo, siempre con un ojo puesto en el Amstrad CPC. Hice mis programas en Mallard Basic, que no disponía de capacidades gráficas de forma nativa pero era muy robusto, aprendí a usar Logo y el sistema operativo CP/M, me hice fan de los juegos de Opera Soft (Goody, The Last Mission, Livingstone Supongo, Sol Negro...) y otros de peor calidad (sobre todo los de OMK Software). Por cierto, los juegos para PCW rondaban las 2.500-3.500 pesetas (actualmente, 15-21 EUR). Los floppy disk de 3” también eran caros, aunque permitían almacenar 180 KB en cada cara, que no era poca cosa en la época. En mayo de 1990 empecé a comprar la recién estrenada revista Amstrad Profesional, pero daba muy poca cobertura al PCW. Luego descubrí que anteriormente había existido la Amstrad User, que era mucho más interesante y variada.
Una anécdota de mis inicios con el Amstrad PCW fue que cuando veía en las tiendas juegos en formato de disco de 3” con la etiqueta Amstrad no sabía que solo fueran compatibles con el CPC 6128. Además, más tarde descubrí que los de CPC se cargaban en Amstrad CPC y los de PCW, o bien se cargaban desde CP/M o bien eran de autoarranque (es decir, había que meter el disco correspondiente y reiniciar o encender el ordenador). Pues bien, en una ocasión, por error, compramos el juego Platoon para Amstrad en formato de disco de 3”, pero no hubo manera de poder arrancarlo, ya que era para CPC 6128. Tuvimos que regalar el juego a un conocido que sí tenía un CPC 6128. Fue una gran decepción después de haber puesto mis esperanzas en esa preciosa portada de Platoon (Ocean, 1988) que muchos recordarán. Tanto se me quedó grabado el Amstrad CPC 6128 en la mente, que en 2005 tuve la oportunidad de comprar uno de segunda mano, pero le tenía que cambiar la goma de la disquetera y al final desistí y me deshice de él. No obstante, recuerdo haber disfrutado del gran emulador de Amstrad CPC para Windows llamado Winape, actualmente descontinuado, que incluso disponía de intérprete de ensamblador Z80. En ese emulador hice programas en Basic y algún intento de juego en ensamblador de Z80. En definitiva, el Amstrad CPC 6128 era lo máximo para mí en cuanto a ordenadores de 8 bits.
Pero un buen día de octubre del año pasado me puse a buscar algún pódcast que hablara de la vida y hazañas de Sir Clive Sinclair, de quien ya había leído y oído hablar por haber sido el fundador de Sinclair Research Ltd y creador del icónico ordenador ZX Spectrum 16K/48K, apodado gomas porque sus teclas eran de goma, al contrario que los teclados de otros ordenadores de la época, en un afán de Sinclair de abaratar los costes de producción del mismo. Entonces, el azar quiso que encontrara y escuchara el primer capítulo de la décima temporada de El Mundo del Spectrum Pódcast, titulado Sir Clive Sinclair. A partir de ahí me fui enganchando al pódcast como un apasionado. En gran medida fue gracias a lo ameno del pódcast y a las voces de Alejandro Ibáñez, presentador del pódcast y creador de la web El Mundo del Spectrum, y de Jesús Martínez del Vas, autor de varios libros sobre momentos estelares de la historia de la informática de 8 bits y artífice de grandes entrevistas a personas que tuvieron un papel importante en los años 80 en la creación de videojuegos, en su distribución y demás aspectos relacionados con ese mundillo. La casualidad quiso que yo mismo comprara en 2021 un libro de de Jesús Martínez del Vas titulado Queremos su dinero. El hombre detrás de Amstrad España, que nos descubre la figura importantísima de José Luis Domínguez, quien pasó de ser un simple comercial a presidir Amstrad España en menos de una década. Un libro muy interesante para los que un día conocimos Amstrad y seguimos su destino.
Gracias a El Mundo del Spectrum Pódcast nació en mí un cariño y un interés por todo lo relacionado con el Spectrum, un microordenador casi desconocido por mí hasta ese momento. De repente me vi inmerso en un interés por la evolución del Spectrum (Sinclair ZX80, Sinclair ZX81, Sinclair ZX Spectrum, ZX Spectrum Plus, y ZX Spectrum 128K por parte de Sinclair Research Ltd., y ZX Spectrum +2, ZX Spectrum +2A/+2B y ZX Spectrum +3, por parte de Amstrad Plc), por creadoras y distribuidoras de juegos (Dinamic, Imagine, Mikro-Gen, Ocean, Opera Soft, Topo Soft, Ultimate; Indescomp, Erbe, Proein), por revistas del género (Microhobby y Micromanía) y por personajes ilustres de la época de la informática de los 8 bits (Alfonso Azpiri, Raffaele Cecco, Paco Menéndez, Paco Pastor, Jon Ritman, los hermanos Ruiz, Paco Suárez).
El gran interés por el Spectrum me llevó a instalarme varios emuladores de ZX Spectrum, siendo para mí el más cómodo y útil el Retro Virtual Machine, de Juan Carlos González Armestoy. Concretamente, yo lo uso en Debian y en Fedora (ambas, distribuciones de GNU/Linux). También me compré el dispositivo The Spectrum de Retro Games Ltd, una imitación casi perfecta del original ZX Spectrum 48K, tanto en la apariencia física como en el tacto. Actualmente estoy sumergido en los manuales y diferentes publicaciones sobre el Spectrum, su Basic y su código máquina para poder dedicar mi tiempo a la programación pausada y tranquila en el ZX Spectrum. Es un entretenimiento atemporal y bastante satisfactorio para mí. De hecho, mis programas de Basic los escribo en el portátil, en GNU/Linux, en el programa gedit. Luego lo compilo con un programa llamado bas2tap, creado por Martijn van der Heide, creador de la conocidísima web World of Spectrum. Este programa compila el listado escrito en Basic, de manera que crea un archivo de formato TAP que contiene el programa en Basic y que se puede abrir desde cualquier emulador de ZX Spectrum. Debo decir que escribir en el teclado del ZX Spectrum es bastante tedioso: no es demasiado compatible con la mecanografía por la disposición de sus teclas, ya que, por ejemplo, el botón de espacio es pequeño y está situado en la esquina inferior derecha, y para borrar hay que pulsar la combinación de teclas CAPS SHIFT + 0, y la goma de sus teclas tampoco lo hace ágil ni agradable.
Con todo ello, debo reconocer que el diseño original del ZX Spectrum es una obra de arte que no pasa de moda nunca. Fue creado en 1982 y aún hoy, cuarenta y dos años después, sigue siendo tan elegante y moderno como antaño. En cuanto a los juegos del ZX Spectrum, debo reconocer que no tienen la misma calidad gráfica que los del Amstrad CPC 6128 (principalmente por la extraña manera que tiene de colorear los píxeles de la pantalla en grupos de 8x8 y por zonas), pero tienen un regusto muy especial que los hace únicos. Siempre me gustó el hecho de que en la época de los ordenadores de 8 bits hubiera que luchar contra las limitaciones técnicas de dichas máquinas. Eso hacía que los programadores y diseñadores fueran realmente buenos en lo suyo, puesto que debían conseguir resultados decentes en unas máquinas cuyas especificaciones eran bastante limitadas. Algunos de los juegos que me han llamado más la atención son: Goody, Livingstone Supongo y The Last Mission (clásicos de Opera Soft que ya conocía), Exolon, Bruce Lee, Manic Miner, Cobra, Commando, Renegade y Target Renegade, Robocop, Abu Simbel Profanation y Saboteur.
Por último, esa mirada atrás hacia los 8 bits es una vuelta a la niñez, a la nostalgia, pero también a la libertad que nos daba una tecnología que no estaba supeditada a la conexión a internet, ni a estar registrado en ningún servicio, ni a la inteligencia artificial. La informática que conocemos hoy se está volviendo tenebrosa, aunque nos quedan lugares seguros y tranquilos como el Fediverso, las cápsulas Gémini y las distribuciones de GNU/Linux. Cada vez que me sumerjo en ese mundo antiguo pero aún vigente me olvido de toda la porquería que rodea hoy en día al mundo tecnológico.
Desde aquí mis agradecimientos a quienes hacen posible ese oasis de relax que es El Mundo del Spectrum Pódcast: a Alejandro Ibáñez, a Jesús Martínez del Vas y a sus colaboradores presentes y pasados, como, por ejemplo, Juan Francisco Torres, Javier Ortiz o Jesús Relinque “Pedja”. Todos ellos me ayudan a sobrellevar durante un par de horas las cargas de la vida cotidiana. Y todavía estoy escuchando los episodios de la segunda temporada... Gran trabajo y enhorabuena.
PD: Que no se me olvide en enlace del canal de Youtube de El Mundo del Spectrum.