El blog de un Absolute Beginner

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010

Migración de iOS a Android (3)

Fairphone Is Coming

El martes 4 de junio de 2024 finalmente me decidí a realizar la compra del Fairphone 5. Mis opciones eran dos: a) comprarlo en la web de Fairphone con Android 13 instalado y al precio oficial de 699 EUR; b) comprarlo en la web de Murena con /e/OS preinstalado y al precio de 769,90 EUR. Teniendo en cuenta que Fairphone tiene su sede en los Países Bajos y Murena, en los Estados Unidos, había doble motivo para comprarlo en la web oficial: llegaría antes y los costes de envío serían menores. También estaba la cuestión de si valía la pena pagar una diferencia de 70 EUR por la incorporación del sistema operativo /e/OS, que, por otro lado, es libre y gratuito, y se puede instalar posteriormente. En este caso, decidí que lo instalaría yo mismo en otro momento y me ahorraría la diferencia de precio.

Sé que di mucho la lata con el tema del Android 'desgoogleizado' y la idea de no tener ningún vínculo con Google, pero quizás esa idea deba esperar un poco. Estos días le he dado vueltas al hecho de que podría convertir mi nuevo móvil en un triste e inútil ladrillo en el caso de que la instalación de /e/OS no funcionará debido a algún problema con el bootloader. Sé que tiene que ser un proceso muy sencillo, incluso para un novato como yo, pero fue tal la cantidad de disclaimers que me encontré en la documentación de instalación de la web de la e Foundation, que preferí empezar mi nuevo viaje con un Android 13 lo más limpio posible, usando exclusivamente la tienda F-Droid y eliminando en lo posible todo rastro de Google de mi dispositivo. De todos modos, tengo entendido que la versión de Android que tiene preinstalado el Fairphone 5 es bastante pura. Otro aspecto que he tenido que tener en cuenta es que tendré que crear una cuenta de Google para poder utilizar mi nuevo móvil, ya que Android lo exige así de momento. Eso sí, la cuenta de Google va a ser lo menos real posible, sin datos personales relevantes.

Si todo va bien, entre el lunes 10 y el martes 11 de junio me llegará el paquete con mi preciado nuevo móvil. Ya he iniciado los trámites con mi operadora móvil para solicitar una nueva eSIM y mi paso de iOS a Android podría ser inmediato. Una de las ventajas que me va a dar el Fairphone 5 es disponer de 256 GB de almacenamiento interno y la posiblidad de añadir hasta 2 TB a través de una tarjeta de memoria microSD. Se acabaron las racanerías de Apple con sus 64 GB (al menos en mi iPhone Xr) y su dependencia de iCloud, que ni siquiera es la nube de Apple, ya que la compañía tiene acuerdos con Google y Microsoft (Azure) para el uso de sus servidores. Por fin, los documentos y las fotos de mi móvil estarán en local, no en remoto, no en un servidor, no en un dispositivo ajeno. Para mí eso se ha convertido en algo muy importante. Se acabó para mí el boom de la nube y la satisfacción de tenerlo todo allí.

Una vez que haya empezado a configurar mi Fairphone 5 y que haya instalado la tienda de F-Droid, podré instalar aplicaciones libres, open-source y no estaré atado a ninguna plataforma privativa nunca más. Entonces tendré que pedir a los amigos y amigas de Mastodon que me ayuden a elegir los programas más interesantes para acceder al correo electrónico, al cliente de Mastodon o para navegar por internet, entre otros.

Sin duda, el primer programa que instalaré en mi móvil con Android será el flamante cliente de XMPP Conversations. Confieso que soy un enamorado de XMPP y que me parece un protocolo de mensajería instantánea ideal para el mundo libre. No puedo esperar más para instalarlo y empezar a usarlo.

Por último, quería dar las gracias a los amigos y amigas de Mastodon que siempre echan una mano o dan una respuesta generosa a cualquier consulta que se les hace, y a la gente que disfruta tanto como yo interactuando, ofreciendo temas de conversación, siempre desde el respeto y la educación. Si he tardado tanto en publicar este episodio de mi blog es porque todos los temas habidos y por haber los he compartido a través del microblogging de Mastodon. En el futuro quizás deba tomar una decisión: ¿me decanto por el blog o por el microblogging?

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Migración de iOS a Android (2)

Primeros pasos para huir del ecosistema de Apple

En el episodio anterior os comuniqué mi intención de migrar de iOS a Android, os hablé de mis antecedentes con el iPhone y el ecosistema de Apple, y os expliqué las razones por las que decidí dejar atrás el ecosistema de Apple hacia un sistema operativo y un teléfono móvil diferentes: concretamente, el sistema operativo /e/OS, una versión de Android 'desgoogleizado', y el Fairphone 5, el teléfono más reparable y, por lo tanto, el más sostenible y ecológico del mercado.

Ahora es el momento de ir enumerando los pasos que he dado hasta la fecha en la migración. Antes de empezar, quería aclarar que, aunque parezca mentira, una migración bien realizada conlleva bastante trabajo. Afortunadamente, me he dado de plazo hasta diciembre para llevarla a cabo al 100%.

Lo primero que tuve que hacer en vistas a la futura migración de iOS a Android es cambiar mi dirección de correo electrónico principal. Durante estos años en iOS mi cuenta principal, donde recibía los correos importantes, era la de iCloud. Evidentemente, cuando uno quiere abandonar el ecosistema de Apple, debe ir restando protagonismo a la cuenta de iCloud, que solo debería seguir activa mientras se use el iPhone y se mantengan activos algunos servicios indispensables de Apple. En mi caso, estos servicios básicos son, por ejemplo, la financiación del macOS, a través de Cetelem, que compré en diciembre de 2022 en k-tuin y cuya última cuota está prevista para enero de 2025; y Apple Pay, que es el sistema más cómodo de pago que he conocido y usado hasta la fecha.

Mi cuenta de correo electrónico principal pasó a ser una que conservaba en Disroot, un proyecto libre y comunitario que incluye varios servicios como correo electrónico o almacenamiento en nube a través de Nextcloud. Eso me hizo reflexionar sobre la posibilidad de colaborar en el mantenimiento de dichos servicios a través de una pequeña donación mensual que concreté hace unos días a través de Paypal. No solo soy usuario de esa cuenta de correo electrónico, sino que tengo otra más en Disroot y empleo ambas cuentas para comunicarme a través de XMPP. Por lo tanto, me parece un deber moral contribuir con su mantenimiento.

También he decidido usar una cuenta de correo electrónico de Riseup, otro proyecto libre y social, para ciertos muy concretos. También quiero donar alguna cantidad a este proyecto que tant buen servicio me está dando.

Lo más importante para mí era prescindir total o parcialmente del servicio de correo electrónico de las grandes compañías tecnológicas: no conservo ninguna cuenta en Gmail, a pesar de que tuve una durante bastante años, desde 2005, cuando solo se podían conseguir mediante invitación de algún usuario de Gmail; tengo una cuenta de Hotmail que di de alta con datos no personales y que de momento empleo residualmente por algunos temas personales, pero no pasará mucho tiempo antes de que la dé de baja; finalmente, tengo la cuenta en iCloud que me hace falta para el funcionamiento básico del iPhone.

Otro paso que di para facilitar el abandono del ecosistema de Apple fue dejar de usar iCloud para respaldar las aplicaciones, los archivos y las fotografías y vídeos del iPhone. Incluso tenía contratado un plan llamado iCloud+ que ofrece de 200 GB por 2,99 EUR al mes y lo di de baja, quedándome con 5 GB que básicamente sirven para respaldar los servicios más básicos como la cuenta de correo de iCloud, la Cartera y Apple Pay, el Game Center y Whatsapp. De esos 5 GB me sobran la mitad.

El último paso que di en relación al ecosistema de Apple fue guardar en un cajón mi Apple Watch SE y sustituirlo por un modesto CASIO W-800H-2AV que cubre mis necesidades más básicas y necesarias con respecto a un reloj de pulsera, entre las cuales está la de no tener que cambiarle la batería hasta dentro de unos años.

El cambio de cuenta de correo electrónico principal también acarreó consigo una reorganización de todos los servicios y aplicaciones en las que estaba registrado. En los últimos meses me he dado de baja de muchos servicios innecesarios, entre los cuales destacan: plataformas de vídeo como Twitch y Youtube, plataformas de contenidos vía streaming como Sky Showtime y Spotify, y un acceso económico a Microsoft 365 llamado Microsoft 365 Básico.

Continuará.

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Migración de iOS a Android (1)

Antecedentes

El pasado 4 de enero de 2024, tras la escucha de un episodio especial del pódcast “Applelianos” titulado Apple controla tu iPhone, tuve una gran revelación: de pronto sentí que me encontraba en un punto de no retorno en mi relación con Apple.

Todos sabemos que el ecosistema de Apple es uno de los engranajes más perfectos que existen en el mundillo tecnológico. Gracias a una minuciosa integración de sus dispositivos y su software con iCloud (su servicio de almacenamiento en la “nube”), Apple ofrece una comodidad y una productividad soñadas por muchas personas que, cuando emplean un dispositivo electrónico, quieren que todo funcione y que nada les arruine su experiencia de entretenimiento o de trabajo. Desde los tiempos de Steve Jobs y del primer Macintosh (enero de 1984), los productos y servicios de Apple siempre han estado dirigidos a dar la mejor experiencia de usuario, de manera que este no tenga la necesidad de saber cómo funcionan por dentro el hardware o el software de una computadora o de cualquier otro dispositivo electrónico, desde el Macintosh hasta las Vision Pro.

Apple “cuida” (o más bien, monitorea) la experiencia del usuario hasta el punto de anular su capacidad de decidir lo que es mejor para él: la compañía decide por él y se adelanta a sus necesidades, y en verdad el usuario se suele sentir satisfecho con las decisiones que Apple toma por él. En tiempos de Steve Jobs (anterior CEO de Apple), se decía que él sabía de antemano lo que el usuario necesitaba y, por eso, los nuevos productos de Apple siempre eran un éxito de ventas. De hecho, muchos de esos usuarios son conscientes de ello y aceptan de buen grado que Apple imponga sus propias normas en el uso de los dispositivos de su marca. Es lo más parecido a lo que coloquialmente se llama “pactar con el diablo”.

Mi primer contacto con Apple se remonta a principios del año 2016. Por aquel entonces, yo era usuario de un Samsung Galaxy S3, y un buen día la batería del móvil empezó a fallar estrepitosamente. Un dato curioso es que la batería de ese modelo de Samsung aún se podía extraer y sustituir por otra. Ante la posibilidad de comprar una nueva batería, decidí que era hora de cambiar de móvil y dar el gran salto a iPhone. La diferencia de precio era considerable, pero había echado el ojo a un modelo antiguo que vendían en la tienda k-tuin a precio rebajado: un iPhone 5S de 2013, con un procesador de 64 bits, 32GB de almacenamiento y, en mi opinión, uno de los mejores diseños históricos del iPhone.

Al adquirir un iPhone y entrar en el mundillo de Apple, sentí como que estaba jugando en una liga más avanzada, que estaba en otro nivel muy por encima de los demás dispositivos móviles de Android. Los podía mirar por encima del hombro y quedarme tan ancho. En esa época, la brecha entre Apple y el resto de competidores era considerable, y Android todavía era un sistema operativo claramente inferior a iOS. A partir de ese momento, como ha pasado a tantos otros usuarios de Apple, empecé a entrar poco a poco en su ecosistema: en 2018 me compré un iPhone Xr; en 2019, un iPad de 6a generación (2018); en 2020, unos AirPods de 2a generación (2019); en 2021, el Apple Watch SE; y en 2022, el MacBook Air con M1 (2020). En 2022 ya estaba metido de lleno en el ecosistema de Apple, aunque me faltaban algunos productos minoritarios como el Apple TV, el HomePod o los AirTags.

Durante estos 8 años como propietario de productos de Apple he podido descubrir cómo es la política de la compañía en muchos aspectos de la producción, venta y posventa. El punto más importante ha sido la constatación de que no poseo los artículos de Apple que compré (de ahí la cursiva de la palabra “propietario”) y de que estoy en manos de las decisiones arbitrarias (cada vez lo son más) de Apple. Os pondré varios ejemplos:

a) Si compras un iPhone, un iPad o un MacBook, ten en cuenta que Apple controla todo su software y hardware a través de las actualizaciones. Apple puede hacer que cualquier elemento del hardware deje de funcionar, así como descontinuar o desinstalar cualquier aplicación que hayas instalado previamente en tu dispositivo.

b) Si compras música o películas en la tienda de Apple, puede darse el caso de que alguno de esos artículos desaparezca repentinamente del catálogo y que no puedas volver a disfrutarlo. Hace unos años Amazon hizo algo semejante al retirar ciertos libros de la tienda Kindle (su lector de libros electrónico). Además, su disfrute tiene que ser obligatoriamente en un dispositivo o plataforma de Apple. Ya no es como comprar un disco de música o una película en cedé y reproducirlo donde quieras y cuando quieras. Por supuesto,

c) Si tu dispositivo se estropea y debes repararlo, no puedes ir libremente a cualquier tienda de reparaciones sin perder instantáneamente la garantía de reparación de Apple. Si decides ir a un técnico autorizado, cualquier mínima reparación te puede costar un ojo de la cara. Para que las reparaciones te cuesten menos, debes contratar un seguro llamado Apple Care cuando compras el dispositivo. Gran parte de la seguridad que brinda Apple a sus usuarios está basada en hacerte pagar más por todo, a veces sin razón aparente.

d) Los productos de Apple son el ejemplo más claro de obsolescencia programada porque todo está preparado para que el nuevo modelo de iPhone, de iPad o de MacBook sea más deseable y atractivo, a pesar de que sus capacidades sean similares a las del que ya tienes. En muchas ocasiones los usuarios de Apple se ven obligados a comprar un nuevo dispositivo porque uno de los componentes de hardware no funciona y el servicio técnico no está dispuesto a repararlo o sustituirlo, o bien te ofrece hacerlo por un precio excesivo.

e) Los dispositivos de Apple están diseñados para que sea muy difícil (si no imposible) repararlos sin pasar por un servicio técnico oficial, lo cual implica un sobrecoste a veces inasumible o simplemente superior al del precio del propio dispositivo. Además, todos los componentes de Apple tienen su número de serie que es analizado por el software cada vez que arranca, de manera que, si se detecta un componente nuevo que no sea oficial, el dispositivo puede dejar de funcionar total o parcialmente. La reparabilidad de estos dispositivos es casi nula, salvo que solicites a la compañía el préstamo de un kit de reparación de Apple que, para más inri, te supone adelantar una suma de dinero considerable para asegurar su devolución una vez finalizado el plazo de tiempo que dure la reparación. Todo ello, a pesar del compromiso oficial de Apple de reducir a la mínima expresión para 2030 su huella de carbono en el proceso de producción, venta y posventa de sus productos. Ellos son los que deciden si un producto es reparable, o si no lo es y tienes que cambiarlo por uno nuevo. Incluso te ofrecen una pequeña suma de dinero por tu viejo dispositivo para así poder reciclar sus piezas y reutilizar los materiales en la fabricación de nuevos productos. Todo ello conforma una curiosa manera de “cuidar” del medio ambiente.

Esa política de Apple de cara a la sostenibilidad, la privacidad y el “ecologismo” (entendido de una manera muy particular) al final te hace reflexionar sobre tu forma de pensar y de actuar cuando empleas productos de Apple, sobre aquellas decisiones con las que no estás de acuerdo y sobre si vale la pena seguir en el ecosistema pagando un precio tan alto económica y éticamente. Entonces, un día decides que la solución no es esquivar esas incongruencias, sino apartarlas de tu camino para siempre. Es por eso que he decidido romper con el ecosistema de Apple y pasarme a Android como primer paso. No obstante, no me quiero pasar a Android de la mano de Google, lo cual sería una metedura de pata. Quiero pasarme a una variante de Android que no emplee y no dependa de los servicios de Google, es decir, un Android 'desgoogleizado' (ungoogled Android), como puede ser el sistema operativo /e/OS de la e Foundation. Además, el móvil elegido sería el Fairphone 5, de la marca Fairphone, que fabrica los teléfonos móviles más reparables del mundo, con una nota de 10/10 en reparabilidad según iFixit, empresa estadounidense especialista en la reparación de dispositivos.

Espero que os haya gustado el aperitivo. Esto no ha hecho más que comenzar.

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Bienvenidos al universo de Dieter Bohlen (3)

La aparición de C.C. Catch

Caroline Catharina Müller (Oss, Países Bajos, 1964) fue más conocida por su nombre artístico C.C. Catch y por su trayectoria musical entre los años 1985 y 1989 de la mano de Dieter Bohlen, su descubridor, compositor y productor. El nombre artístico se lo inventó él mismo a partir de las iniciales del nombre de la artista (Caroline Catharina) más el verbo catch (en español, coger o agarrar).

El descubrimiento de C.C. Catch por parte de Dieter Bohlen se remonta a 1985, cuando Caroline (Caro para los amigos) formaba parte del efímero cuarteto musical llamado Optimal. Fue en una actuación en una discoteca de Hamburgo (Alemania) donde Dieter se fijó en el talento de Caroline y finalmente le ofreció un contrato para trabajar en la discográfica Hansa junto a él. Ahí comenzó una colaboración muy exitosa que duró cinco años, solo uno más que Modern Talking.

Desde un principio el estilo musical de C.C. Catch fue muy semejante al de Modern Talking, hasta el punto de que se sospechaba que Dieter Bohlen reservaba para ella algunas canciones que previamente se habían desechado para Modern Talking.

Su primer single fue “I Can Lose My Heart Tonight” y pronto grabó su primer álbum, llamado “Catch the Catch” (1985).

Para los más curiosos, el primer single de C.C. Catch, “I Can Lose My Heart Tonight”, era la adaptación al inglés del tema Keine Träner Tut Mir Leid que el mismo Dieter Bohlen había compuesto para la artista alemana Mary Roos (Bingen, Alemania, 1949), quien también había cantado anteriormente la canción Ich Bin Stark Nut Mit Dir, que Dieter adaptaría al inglés como “You’re My Heart, You’re My Soul” para dar forma al primer single de Modern Talking. Mary Roos tuvo un cierto éxito en Alemania con esas dos canciones que había compuesto y producido Dieter Bohlen, y este se dio cuenta de que dichas canciones podían llegar más lejos si las adaptaba al inglés y las cantaban voces más jóvenes y frescas como, en este caso, C.C. Catch y Thomas Anders.

En los años siguientes, C.C. Catch grabó cuatro álbumes más: “Welcome to the Heartbreak Hotel” (1986), “Like a Hurricane” (1987), el recopilatorio “Diamonds” (1988), que incluía dos canciones nuevas, y “Big Fun” (1989).

En 1989 C.C. Catch decidió desvincularse de Dieter Bohlen aprovechando que acababa su contrato con la discográfica Hansa. Su destino sería la discográfica británica Metronom Musik. Caroline ya llevaba un tiempo incómoda con Dieter Bohlen porque este no le dejaba tomar parte en el proceso creativo de las canciones ni en la promoción de los álbumes. Siempre se dijo que Dieter tuvo numerosos problemas con los artistas para los que componía y producía canciones, ya que siempre tuvo una forma de trabajar muy personalista: trabajaba muy duro para crear continuamente canciones y sacar el máximo rendimiento a sus “productos” (los artistas con los que trabajaba), pero no demostró tener suficiente empatía con esos mismos artistas.

La desvinculación de C.C. Catch con respecto a Dieter Bohlen no fue nada fácil porque Dieter no pensaba ponerse las cosas fáciles en absoluto. Hubo dos hechos que demostraron a Caroline que con Dieter no se podía “jugar”. En primer lugar, se produjo un litigio judicial por el uso del nombre artístico “C.C. Catch”. Este nombre estaba registrado por el propio Dieter Bohlen, quien no quería que Caroline volviera a usarlo tras la ruptura. No obstante, ella acabó por ganar el litigio y pudo seguir actuando como C.C. Catch. En segundo lugar, cuando C.C. Catch estaba a punto de comenzar la promoción de su nuevo álbum con la discográfica Metronom Musik, “Hear What I Say” (1989), producido por Andy Taylor (integrante del grupo Duran Duran), Dieter Bohlen aprovechó para publicar un álbum de grandes éxitos de C.C. Catch y así boicotear dicha promoción. Hay que tener en cuenta que el público, en su mayoría, la conocía y la admiraba por las canciones de sus álbumes anteriores, producidos por Dieter Bohlen y con un estilo muy marcado. A partir de la ruptura, con nuevo estilo y nuevas canciones, fue muy difícil para Caroline competir con sus éxitos anteriores.

Así pues, C.C. Catch pasó nueve años sin pena ni gloria, hasta que en 1998 tuvo su comeback particular, coincidiendo con el inicio de la segunda etapa del dúo Modern Talking, en la que Thomas Anders y Dieter Bohlen decidieron limar sus asperezas y volver a las listas de éxitos por todo lo alto. En este caso, C.C. Catch volvió a la palestra con un nuevo álbum llamado “C.C. Catch Megamix '98”, en el que incluyó nuevas versiones de algunos de sus grandes éxitos con la colaboración del rapero Krayzee y de la mano de Dieter Bohlen y la discográfica BMG (antiguamente, Hansa). A partir de entonces, Caroline ya no dejaría de actuar por media Europa, sobre todo en Alemania y en varios países del este como Rusia, Polonia y los países bálticos, cantando sus temas de los 80, aunque también probó suerte con algún tema nuevo en la década de los 2000.

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Parafraseando a Óliver Nabani

A finales de noviembre pasado estuve escuchando el episodio del pódcast de Óliver Nabani Conexiones Cotidianas titulado “Desconectar para Conectar”. Me hizo reflexionar y tuve la necesidad de escribir sobre ello.

Hace ya varios años que escucho los pódcasts de Óliver Nabani, tanto en solitario como en compañía de divulgadores como Julio César Fernández (concretamente en el pódcast Nebuchadnezzar). También lo he seguido a menudo en su canal de Twitch. Sin exagerar, me parece uno de los grandes comunicadores en el mundo del pódcast en español y siempre es un placer escuchar sus disertaciones sobre numerosos temas, principalmente temas relacionados con la tecnología y su relación con el ser humano. Óliver Nabani es uno entre un millón por su capacidad para explicar los temas más complejos de la manera más sencilla y amena. Su voz potente, su dicción, sus dotes dialécticas y sus grandes conocimientos lo convierten en un podcáster de obligada escucha.

Como iba diciendo, el episodio de ayer me hizo pensar en los problemas que puede originar la presencia constante de dispositivos electrónicos en nuestra vida y nuestra exposición diaria a ellos. Él comentaba por experiencia propia que había sufrido crisis de ansiedad con ataques de pánico en diferentes ocasiones, y que en un momento dado sintió la urgente necesidad de parar, lo que se ha denominado la “desconexión tecnológica”.

El hecho de tener dispositivos electrónicos a nuestro alcance todo el día nos ha convertido en dependientes de una manera nunca vista. Sentimos la necesidad de hacer muchas cosas a la vez, de “engullir” contenidos audiovisuales como si no hubiera un mañana, no nos queremos perder ninguna novedad. A eso han contribuido en gran medida las plataformas audiovisuales como Netflix, que fue pionera a la hora de ofrecer temporadas completas de series de golpe, cuando antiguamente las series de televisión se emitían a capítulo por semana. Incluso hay personas que sienten la ridícula necesidad de escuchar episodios de pódcasts a una velocidad mayor de la normal, es decir, a 1,5x o a 2x, para poder consumir la mayor cantidad posible de contenidos. Si bien este último caso es extremo, no deja de ser un reflejo de que hoy en día disfrutamos menos de nuestro tiempo libre, de nuestro ocio, saboreamos menos aquellas cosas que nos gustan. Por ejemplo, en muchos conciertos gran parte del público está más preocupada por sacar fotos y vídeos absurdos en lugar de deleitarse con las canciones en vivo de su cantante o grupo preferido. Lo mismo ocurre en otras celebraciones más íntimas como la actuación de final de curso de nuestros hijos o cualquier actividad que desempeñan los niños en la escuela. Poca gente ya disfruta esos momentos especiales sin echar mano del móvil como cámara de fotos o de vídeo, sin tener en cuenta de que el momento que hay que disfrutar es ese en el que ocurren las cosas, y no una foto o un vídeo que puede que no veamos nunca más. Todas esas situaciones van dejando se van acumulando y acaban provocando un desbordamiento de estímulos y sensaciones en nuestros cerebros, y, lo que es peor, episodios de ansiedad y otros trastornos de carácter psicológico o psiquiátrico.

Como dice Óliver en el último episodio de su pódcast, para ser conscientes de lo absurdo que es el abuso de la tecnología, basta con hacernos algunas preguntas sencillas sobre la necesidad de llevar el móvil a todas horas y a todos los lugares adonde vayamos, sobre la incapacidad de concentrarnos en una sola actividad durante un lapso de tiempo y olvidarnos de todo lo que nos rodea, o sobre cómo nos desenvolvíamos hace 25 o 30 años cuando no teníamos teléfonos móviles. Si nos hemos planteado estas preguntas de manera seria, nos daremos cuenta de que hemos convertido nuestro tiempo libre en un tiempo en el que no disfrutamos de manera lenta e intensa de aquellas actividades que nos satisfacen y relajan nuestra manera. Todos los beneficios que nos ofrecen las tecnologías cuando las aplicamos a nuestras necesidades reales se diluyen cuando las aplicamos a crear nuevas necesidades en lugar de solucionar aquellas.

Llegados a este punto, Óliver sugiere algunas pautas que él mismo ha puesto en funcionamiento y que pueden ayudarnos a desconectar del ritmo frenético en el que nos enfrasca el uso de los dispositivos móviles en el día a día: utilizar más a menudo papel y bolígrafo para apuntar cosas esporádicas, practicar la caligrafía, escuchar música a la manera tradicional (en un tocadiscos, en una radio FM, en una cadena musical, en un reproductor de compact-disc), salir a la calle sin el móvil para comprobar que no tiene por qué ocurrir nada malo, etc. La cuestión es disfrutar de nuestras aficiones de una manera lenta y provechosa, saboreando cada momento.

Por último, menciona el concepto de “alfabetización digital”, que consiste en aprender a utilizar de una manera más racional la tecnología que tenemos a nuestro alcance, sin ataduras, sin dependencias, solo para ayudarnos de manera real en nuestra vida diaria.

Como dije al principio, ha sido un episodio de pódcast muy provechoso. Me ha servido para tomar un poco más de conciencia sobre los problemas que plantea el uso excesivo de los dispositivos electrónicos. Quizás yo también intente hacer algo para evitar que la tecnología invada mis momentos y mis espacios de ocio. No es fácil, pero valdría la pena porque supondría un punto de inflexión para recuperar la intimidad que nos ha robado el uso indiscriminado de los móviles, principalmente.

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Bienvenidos al universo de Dieter Bohlen (2)

El nacimiento y la primera ruptura del dúo Modern Talking

En 1983 y por medio de Hansa, la discográfica en la que trabajaba, Dieter Bohlen descubrió a un joven cantante de 20 años llamado Bernd Weidung, cuyo nombre artístico era Thomas Anders. Dieter le escribió algunas canciones en alemán y le produjo otras tantas versiones de canciones más o menos exitosas de origen anglosajón o alemán. Una de esas versiones fue “Heisskalter Engel” (cover en alemán del hit del grupo Real Life “Send Me an Angel”).

Dieter Bohlen y Thomas Anders ya habían colaborado en la producción y publicación de varios singles cuando en septiembre de 1984 se metieron en el estudio de grabación una vez más. En esta ocasión grabaron cuatro canciones, pero solo dos de ellas serían publicadas y llevarían a ambos a las posiciones más altas de las listas de éxitos. En primer lugar, “Es Geht Mir Gut Heut' Nacht”, que posteriormente Thomas grabaría en inglés con el título “Lucky Guy”. En segundo lugar, “You're My Heart, You're My Soul”, que sería el primer single en inglés que produciría Dieter con la voz de Thomas. Este no estaba muy convencido de publicar una canción en inglés con su voz, pero finalmente Dieter lo convenció y en octubre de 1984 salió a la venta como primer single de la nueva banda formada por Dieter Bohlen y Thomas Anders: Modern Talking.

En un primer momento, “You’re My Heart, You’re My Soul” no tuvo el éxito esperado y la discográfica no les dio demasiada publicidad, hasta que en enero de 1985 su videoclip fue emitido por primera vez en un programa de televisión alemán llamado “Formel Eins”. Ese fue el espaldarazo que necesitaban para subir a lo más alto de las listas de éxitos. Durante los siguientes meses llegaron al número 1 en Alemania y en otros varios países. De hecho, Modern Talking consiguió un récord no superado hasta la fecha: cinco números 1 seguidos en las listas de singles con las canciones “You’re My Heart, You’re My Soul”, “You Can Win If You Want”, “Cheri Cheri Lady”, “Brother Louie” y “Atlantis Is Calling (SOS for Love)”, conseguidos entre los años 1985 y 1986.

El 1 de abril de 1985 salió a la venta el primer álbum de Modern Talking, llamado “The 1st Album”. Más adelante llegarían “Let’s Talk About Love” (1985), “Ready for Romance” (1986), ““In the Middle of Nowhere” (1986), “Romantic Warriors” (1987) y, por último, “In the Garden of Venus” (1987). Los tres primeros tuvieron un grandísimo éxito en países como Alemania, España, Israel, Corea del Sur, etc. A finales de 1986 empezaron a haber motivos de discordia entre Dieter Bohlen y Thomas Anders. Uno de los motivos más claros de la separación de Modern Talking fue la irrupción de la esposa de Thomas Anders, Nora Balling, en la dinámica del grupo. En una analogía parecida a lo que supuso Yoko Ono para The Beatles, Nora comenzó a adquirir voz y voto en todo lo que hacía el grupo: entrevistas, actuaciones, grabaciones… Su presencia constante en todas las actividades del grupo acabaron por desesperar a Dieter Bohlen, que tenía una visión una clara del negocio que tenía entre manos y, de paso, que tampoco parecía querer dar a Thomas Anders su lugar justo en las decisiones del grupo.

Tras un 1985 feliz y exitoso, llegó un 1986 tormentoso. En 1987 acabaron su primera etapa de colaboración con dos álbumes que tuvieron que grabar obligados por contrato y finalmente pasaron sin pena ni gloria. Al final Thomas y Nora no soportaban a Dieter, y Dieter no soportaba a Thomas y Nora. De hecho, en las últimas actuaciones en televisión, Dieter y Thomas se colocaban a varios metros de distancia el uno del otro, y en los últimos videoclips cada uno de ellos grababa su parte por separado.

Una anécdota divertida fue que, tras la boda entre Thomas Anders y Nora Balling el 27 de julio de 1985, Thomas empezó a lucir en todas sus actuaciones y videoclips un collar brillante y llamativo con el nombre “NORA” que su esposa le había regalado durante la ceremonia nupcial. Dicho collar fue objeto de numerosas burlas por el fuerte carácter de Nora, que, a partir de esa fecha, se convertiría en su representante y tomaría parte en todas las decisiones relacionadas con el grupo.

Tras la primera ruptura de Modern Talking, Dieter Bohlen creó una banda llamada Blue System, de la que por fin iba a ser el solista, o eso creíamos…

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004

Bienvenidos al universo de Dieter Bohlen (1)

Sus inicios

Dieter Günther Bohlen (Berne, Alemania, 1954), más conocido en la industria de la música como Dieter Bohlen, es un productor y compositor musical alemán multimillonario a quien suelen llamar en su país con el apelativo “Der Pop-Titan” (el Titán del Pop).

Su gran fortuna proviene sobre todo del gran éxito que consiguió como compositor e integrante del dúo Modern Talking, que estuvo activo durante dos etapas bastante cortas: de 1984 a 1987 y de 1996 a 2003. En realidad, fuera de Alemania el mérito de Dieter en el éxito de Modern Talking no se recuerda tanto como la voz dulce y melosa del vocalista Thomas Anders, con quien hacía pareja artística. De hecho, su mérito como creador del dúo, como descubridor del cantante Thomas Anders y como compositor y productor de las canciones del dúo se fue deshaciendo en el tiempo como un azucarillo en un vaso de agua. Eso ya lo explicaré más adelante.

Como personaje famoso y adinerado, Dieter Bohlen ha sido perseguido durante muchos años por la prensa rosa alemana y protagonista de un sinfín de portadas de revistas en las que se ha dado cuenta de sus numerosas relaciones amorosas, de su gusto por los lujos, de sus “dimes y diretes” con Thomas Anders, el otro integrante de Modern Talking, cuyas dos rupturas no fueron en absoluto amistosas.

En la últimas décadas ha destacado como miembro del jurado en varias ediciones de talent-shows (concursos de talentos) como “Deutschland sucht den Superstar” (traducido como “Alemania busca a una Superestrella”) o “Das Supertalent” (traducido como “El Supertalento”), en los que actuaba como el elemento díscolo y deslenguado del jurado, al más puro estilo del Risto Mejide de “Operación Triunfo”. En todo caso, en su país, Dieter Bohlen es un artista casi venerado por su exitosa carrera, aunque ese éxito haya sido salpicado por su carácter “déspota y prepotente”, según testimonios de algunos de los artistas que han trabajado con él en los últimos 40 años. También se rumoreaba que era capaz de cualquier cosa por dinero.

Entre los cantantes para los que Dieter Bohlen ha compuesto canciones, destacan Bonnie Tyler, Dionne Warwick, Chris Norman y Engelbert Humperdinck. Hubo un caso especial y análogo con Modern Talking: el de la neerlandesa C.C. Catch (Caroline Catharina Müller), para la que compuso las canciones de sus primeros cinco álbumes, entre los años 1985 y 1989. Finalmente, rompieron relaciones por desavenencias entre ambos, pero, tras liberarse del yugo de Dieter Bohlen, C.C. Catch nunca volvió a repetir el éxito alcanzado durante los años de colaboración con el compositor alemán.

Dieter Bohlen empezó en el mundo de la música en los años 70 como solista y como integrante de algunas bandas efímeras, pero pronto debió de asumir que su voz, más parecida al croar de una rana, no daba para grandes alardes. A principios de los años 80 entró a trabajar en la discográfica Hansa Records. Sus proyectos no cuajaban hasta que conoció a una joven cantante con una voz angelical llamado Bernd Weidung (quien ya cantaba con el nombre artístico Thomas Anders) y decidió apostar por él y por una canción que, según Dieter, había compuesto en una noche. Esa canción se llamaría “You’re My Heart, You’re My Soul”.

El resto es historia y lo veréis en el próximo episodio.

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No nos hagamos las víctimas

No cabe duda de que las sociedades occidentales son históricamente patriarcales. Por el mero hecho de nacer hombres ya formamos parte de la mitad privilegiada de seres humanos que están destinados a tener una vida más fácil y sencilla que la otra mitad, que son las mujeres. Esa condición privilegiada se manifiesta a lo largo de la vida en las relaciones personales a través del machismo.

Diría que el machismo (o sexismo, como dicen los anglosajones con más precisión) es un defecto de origen sociocultural. Hay machismo en las familias en cuanto a la educación diferenciada (aunque sea involuntariamente) que se suele dar a niños y a niñas: cómo deben actuar, cómo deben vestir, qué situaciones deben evitar, etc. Hay machismo en la sociedad, puesto que es una prolongación de la familia en el exterior. De hecho, la familia y la sociedad se retroalimentan, de manera que el caldo de cultivo del machismo siempre está presente, ya sea de forma visible o invisible. Hay machismo en las manifestaciones artísticas del ser humano. Hay machismo en los medios de comunicación.

Aunque los hombres queramos evitar los comportamientos machistas, nos sentimos siempre protegidos por el escudo imaginario del Patriarcado: siempre somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario, nuestra condición masculina nunca es excusa para culparnos de las cosas malas que ocurren, siempre fuimos los grandes protagonistas de la historia de la humanidad, en los textos antiguos siempre actuamos a nuestro antojo provocando que al final fuesen las mujeres quienes cargaran con la culpa y el dolor de nuestros actos. En general, no tenemos que hacer grandes alardes para salir airosos de muchas situaciones que para las mujeres son mucho más difíciles de sortear. Todo gracias a que somos los dueños del relato. El Patriarcado nos protege y nos facilita la vara de mando.

El relato es muy cruel con las mujeres, e incluso a veces se les ataca por pura diversión. Una mujer que protesta por una injusticia es una histérica; una mujer que viste como le da la gana es una provocadora y la culpable de cualquier reacción visceral de un hombre hacia su atuendo; una mujer que quiere practicar un deporte “de hombres” supone un problema porque hay que adaptar los vestuarios o dar cobertura a sus necesidades; una mujer que se mete en una relación es la única culpable de la posterior ruptura; una mujer que pasea sola de noche es una loca; una mujer que no se quiere casar es una “solterona”; una mujer que no sabe cocinar es una inútil o pierde valor… Y así podríamos continuar hasta el infinito. Es el relato que hemos aprendido, el relato que nos han enseñado, el relato que incluso muchas mujeres han tratado de adoptar y perpetuar, aunque fuera en su propia contra. Sí, las mujeres también son una cadena de transmisión de ese relato.

Por eso, cuando las mujeres alzan la voz y defienden su vida, su integridad, su libertad, sus derechos, etc. a través del feminismo, los hombres deberíamos apoyarlas y no hacernos las víctimas. No vale decir que no tienen por qué imponer su visión del mundo, cuando ya tenemos una sociedad patriarcal en la que se ha marginado continuamente la figura de la mujer. No vale decir que nada impide a una mujer llegar a lo más alto si se lo propone, porque sí que hay obstáculos y muy difíciles de sortear. No vale decir que no hay mujeres en puestos de relevancia porque no están lo suficientemente preparadas. En un mundo de hombres, hay pocas opciones para una mujer.

Aquí es donde entra el concepto de “equidad”, en contraposición al de “igualdad”. La igualdad no es suficiente para evitar las injusticias sociales. Ya lo hemos podido comprobar en las últimas décadas, en las que en España se ha logrado que las administraciones públicas adopten medidas para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. No obstante, no ha sido suficiente con estas medidas, puesto que no todas las mujeres se encuentran en situación de aprovechar los recursos o las ayudas que las administraciones han puesto a su alcance. Sin embargo, la equidad persigue cubrir las necesidades específicas de cada persona, ya que no todos tenemos las mismas necesidades y no a todos se nos puede ayudar de la misma manera.

A veces me pregunto qué habría sido de hombres célebres como Martin Luther King, Thomas Edison, Mahatma Ghandi, Nelson Mandela, Albert Einstein, Gabriel García Márquez… si no hubiesen tenido a su alrededor a mujeres “invisibles” que les acompañaban y les hacían la vida más sencilla para que pudieran concentrarse en su profesión, en su vocación, en la divulgación de aquello en lo que eran los mejores. ¿Cuántas mujeres tuvieron que dejar atrás sus sueños e ilusiones para dedicarse a su familia o para ganar un sueldo digno en algún trabajo que no les llenaba?

Me sorprende oír todavía hablar de conceptos anecdóticos (o residuales) como la “misandria” (odio hacia los hombres), cuando la misoginia (odio hacia las mujeres) está todavía muy vigente en nuestra sociedad.

Por favor, hombres, no nos hagamos las víctimas. Es una actitud muy egoísta.

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Mi primera computadora fue un Amstrad (Alan M. Sugar TRADing)

Antes que nada, un pequeño inciso. Quería expresar mi especial predilección por el término “computadora” porque es el que se usaba en mis años de infancia, porque suena más exacto y preciso que el que se impuso más tarde en España (i.e. “ordenador”) y porque aún se emplea en América Latina por mera influencia del término anglosajón computer. Ahora sí puedo comenzar con mi relato.

Corría el año 1988 cuando por fin mi hermano y yo íbamos a tener nuestra primera computadora después de presionar convenientemente a nuestros padres para que accedieran a la compra de esa máquina tan deseada. La excusa era la misma de todos los niños en aquella época: la necesitábamos para estudiar. Nada más lejos de la realidad, pero eso solo lo sabíamos nosotros.

Por aquel entonces no sabíamos lo que era un ordenador personal (Personal Computer) como el IBM PC, pero tampoco mis padres se lo habrían podido permitir. Aunque no teníamos muy claro cuál era el modelo que queríamos comprar, ya habíamos visto y soñado con algunas microcomputadoras con microprocesadores de 8 bits como, por ejemplo, los Amstrad CPC 464/6128, los Spectrum y los MSX (un estándar de computadora que fabricaron diversas marcas como, por ejemplo, Sony y Philips). La mayoría de ellos funcionaban con casetera, otros con disquetera de 3” y otros con cartuchera. Esa era la clase de computadoras que ya habíamos visto antes en la casa de algún amigo, el escaparate de alguna tienda o en los anuncios publicitarios de televisión o de prensa.

Fuimos a una tienda de electrodomésticos de Palma (Mallorca) llamada Radio Borne, uno de los pocos establecimientos en los que había suficiente oferta de hardware y de software como para hacer una buena elección. Nuestra intención era comprar una computadora con la que pudiéramos correr juegos como los que habíamos visto en los Amstrad CPC 464/6128 o en el MSX, pero al final nos decantamos “erróneamente” por el Amstrad PCW 8256 (Personal Computer Wordprocessor).

El Amstrad PCW 8256 venía con monitor monocromo verde con disquetera de 3” incluida, teclado QUERTY e impresora. Era un equipo perfectamente preparado para tareas de procesamiento de texto, una especie de máquina de escribir “supervitaminada”. Su precio fue de 79.000 pesetas (actualmente, 480 euros) y nuestro padre los pagó a tocateja porque nunca le ha gustado pagar las cosas a plazos. De hecho, en mi casa no se compraba nada si no se disponía del dinero necesario.

Al final, como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. El Amstrad PCW 8256 no tenía un gran catálogo de juegos y sus juegos costaban una media de 3.500 pesetas cada uno (21 euros al cambio actual). Además, era bastante difícil encontrar discos de 3” formateables, periféricos y programas de gestión para tareas cotidianas. Todas esas dificultades me llevaron a buscarme la vida por mis medios, y eso hizo que despertara en mi una cierta pasión por las computadoras y su funcionamiento interno.

Gracias a los artículos y listados que se publicaban en las revistas Amstrad Ocio y Amstrad Profesional (procedentes de la antigua Amstrad User) y a los manuales que venían con la computadora, aprendí a “programar” en Mallard Basic y me adentré en el sistema operativo CP/M. También cayó en mis manos el famoso libro de Rodnay Zaks “Programación del Z80”, con el que aprendí a programar algunas cosillas en ensamblador. No era lo más común entre los niños de 11 años, pero mi computadora no me permitía pasar las horas muertas jugando como en los Amstrad CPC.

En resumen, el Amstrad PCW 8256 no fue una computadora que tuviera demasiado éxito en España (al contrario que en el Reino Unido), pero a mí me inoculó el virus del cacharreo, de la curiosidad por saber qué hay más allá de lo que muestra la pantalla. Me acordé mucho de esos tiempos cuando descubrí GNU/Linux y el uso de la terminal. Las entrañas de la computadora eran algo maravilloso.

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Podcast Linux. In memoriam

El pasado 16 de noviembre, por la mañana, Juan Febles publicó en la cuenta @podcastlinux en Mastodon un toot en el que comunicaba que dejaba el proyecto Podcast Linux (del cual es promotor) por motivos personales después de 7 años.

Descubrí a Juan Febles hace ya cuatro años a través de un episodio especial del Podcast “Applelianos”, de Israel Chávez. Con motivo de este episodio llamado Especial. La historia de Linux, grabado el 1 de noviembre de 2019, invitaron a Juan Febles y a un tal Pedro, alias “Mosquetero Web”, para hablar sobre GNU/Linux y sus orígenes.

Mi primera impresión fue agradable: su voz cálida, su tono sosegado y su talante conciliador me descubrieron a un gran comunicador volcado en la causa de GNU/Linux y del Software Libre de una manera altruista pero convencida. Él siempre se disculpaba por sus problemas de vocalización, quizás por su acento canario bastante acentuado, pero estoy seguro de que todos los que quedamos enganchados a su pódcast se lo disculpábamos sin más.

Durante estos 7 años no ha faltado ni una sola vez a su cita quincenal con Podcast Linux. También emitía un pódcast breve llamado Podcast Linux Express en el que ofrecía un avance sobre los temas que iba a tratar en el siguiente episodio de Podcast Linux.

El último episodio publicado fue el 195, y Juan estaba preparando un capítulo especial número 200 en el que daría respuesta a las todas inquietudes de sus oyentes, que debían mandarle sus preguntas a través de audio. Finalmente no pudo ser. Todo ello quedó truncado la mañana del 16 de noviembre de 2023, cuando Juan nos comunicó su retirada.

Es muy difícil encontrar un proyecto como Podcast Linux sostenido durante tantos años y de manera constante, sin parones ni ausencias. Además no existía solo ese proyecto, sino que Juan Febles estuvo colaborando con un sinfín de creadores de contenido gnulixero, puesto que siempre estaba disponible para ayudar a la divulgación del Software Libre. Y no solo hacía colaboraciones, sino que también desempeñaba un papel muy activo en la comunidad gnulinuxera.

Por cierto, dos proyectos que promovía últimamente eran el #ViernesDeEscritorio y el #SábadoDeTerminal desde su cuenta @podcastlinux en Mastodon. Ojalá que los usuarios de Mastodon sigan publicando imágenes de sus escritorios linuxeros y sigan compartiendo pequeñas píldoras de conocimientos sobre el uso de la Terminal en GNU/Linux.

En definitiva, ha sido una gran pérdida para la comunidad gnulinuxera, para el podcásting y para los oyentes ávidos de noticias sobre el Software Libre.

Creo que anteayer, jueves, la inmensa mayoría de sus seguidores quedaron de alguna manera huérfanos y esperan que lo del jueves haya sido un hasta pronto.

Hasta pronto, Juan.

Hasta pronto, lectores.

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