Sopa de letras

Lecturas

¡Descubre los fascinantes artículos en Sopa de Letras!

from missbrainslug

  • 150 gr arroz basmati
  • azafrán
  • 1 cebolla pequeña
  • 1-2 dientes de ajo
  • 150 gr de tirabeques
  • 200 gr de garbazos cocidos
  • 60 gr pasas
  • 40 gr pistachos tostados y salados
  • Sauerrahm (nata ácida)
  • hojas de menta

.

Preparar arroz basmati con azafrán. Pasar los tirabeques 1 min por agua hirviendo con sal, luego por agua fria y cortar en tiras a lo largo. Sofreir cebolla y ajo cortados en dados pequeños. Añadir arroz, pasas, garbanzos escurridos y dar unas vueltas. Añadir los tirabeques y ajustar de sal y pimienta.

Servir con nata agria batida, pistachos troceados y hojas de menta.

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from missbrainslug

  • 1 huevo
  • 60 gr de harina (refinada o integral)
  • 60 ml de leche (de vaca o soja o almendras o...)
  • 1 manzana rallada (o pera o...)
  • Una pizca de levadura royal o bicarbonato
  • Una cucharada de tropezones (láminas de almendra, semillas de amapola, ...)

Tres tortitas en un plato

Batir huevo con harina muy bien. Añadir poco a poco la harina y la levadura o bicarbonato. Unir con la manzana rallada y mezclar suavemente. Añadir tropezones (láminas de almendra, semillas de amapola, ...)

Engrasar un poco una sartén (a poder ser de hierro fundido) e ir haciendo las tortitas.

Servir con fruta cortada, con siropes, con nata...

Salen unas 6.

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from missbrainslug

(Sale una fuente para 6)

  • 1 kg zanahorias cortadas a lo largo
  • 300 gr de Petersilienwurzel (raíz de perejil) en cubos
  • 300 gr coles de bruselas cortadas por la mitad
  • ½ col lombarda en trozos
  • 500 gr cebolla roja en cubos
  • 1 cucharadita de pimienta en grano*
  • 4 clavos*
  • 1 cucharadita de semillas de hinojo*
  • 1 cucharadita de semillas de cilantro*
  • 1 cucharadita de sal gruesa*
  • 1 cucharadita de azúcar moreno*

*) todo esto en un mortero, machacar y mezclar con 50 ml de aceite de oliva.

Hervir agua con sal y sumergir las coles durante 1-2 minutos. Regarlas con agua fría y dejar escurrir. Rehogar la col lombarda y las zanahorias. Poner todas las verduras en una fuente para horno, regar con el aceite de especias y espolvorear azúcar por encima para que se caramelice la superficie.

Hornear durante 25 minutos a 180°C (modo ventilador) o 200°C (arriba y abajo).

Una fuente con la verdura, de fuertes colores: verde, naranja, morado...

Va estupendamente con una buena hogaza de pan y alioli, nata agria, Krenobers (crema de rábano picante / horseradish) o sus alternativas veganas.

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from missbrainslug

  • 1 masa de hojaldre rectangular (esta es la parte rápida: la masa original del Strudel es muy laboriosa y necesita bastante práctica)
  • 3-4 manzanas (p.e. Boskop)
  • Pan rallado
  • Azúcar glasé
  • (Opcional: pasas)

Corte de Apfelstrudel

Pelar y cortar las manzanas en trocitos pequeños. Abrir la masa y poner la manzana en el tercio central a lo largo. Hacer unos cortes tipo peine a un borde. Espolvorear con pan rallado.

Doblar el lado liso primero y el de los cortes por encima. Doblar las esquinas. Pincelar con agua.

Hornear a 180°C.

Dejar enfriar, espolvorear con azúcar.

Post original

 
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from missbrainslug

  • 500 gr harina
  • 3,3 gr de levadura seca
  • 10 gr sal
  • unos 330 ml de agua templada

La corona de pan

Amasar añadiendo el agua poco a poco para parar cuando tenga la consistencia ideal. Dejar reposar unos 5 min y volver a darle un amasado. Tapar y dejar levar una hora.

Dividir la masa en 8 trozos y formar bolas. Disponerlas concéntricamente sobre papel de horno y dejar levar otros 45 min sin corrientes de aire ni que le falte humedad.

Yo lo meto en campana cerámica pero si no, se puede tapar con un bol grande o un trapo húmedo.

Ir calentando el horno a 240°C.

Hacerle unos cortes a las bolas y espolvorear con harina tamizada. Meter al horno – con campana: 30 min con y unos 15 min sin – sin campana: bajar a 200°C y echar un vasito de agua al horno para que no le falte humedad y haga buena corteza.

Lo más difícil: dejar enfriar sobre rejilla unos 20 min antes de meterle mano.

Detalle de la masa, bien esponjosita

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from t3rr0rz0n3

Como poner imágenes en SopaDeLetras desde Mastodon

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from Anarrrcoteca

Bienvenides a esta pequeña biblioteca de barrio virtual.

De cara al 8m voy a poner textos anarcofeministas y/o de anarcofeministas. Esta colección no se habría podido subir sin la ayuda de @majo@xarxa.cloud ni de @yoquese@frikiverse.zone, que han aportado textos y fanzines. Recuerdo que si se quiere aportar algún texto o sugerencia, podeis escribir a urraca@tuta.io

Audiovisuales: Ni dios ni patrón ni marido https://tube.todon.eu/w/hnLjw1RavJyM92ucMaJs2t

Louise Michel, la rebelde https://tube.todon.eu/w/2zLJfKpbHeZGdnSgFGP5BD

Indomables, una historia de mujeres libres https://tube.todon.eu/w/3911wSjs6oLY7CeDSECbWV

Anarchist from Colony https://tube.todon.eu/w/pfdp3oLp5UnagABAuLEyar

Textos: https://archive.org/details/anarcofeminismo_202603 1- Antología anarcofeminismo 2- Chiara Bottici – Manifiesto anarcafeminista 3- El Solidario 11 primer artículo Louise Michel 4- Emma Goldman – El sufragio femenino 5- Emma Goldman – Textos feministas 6- Emma Goldman – Viviendo mi vida 7- Fumiko Kanenko – The prison memoirs 8- Furiosas antipatriarcales 2021. Fanzine cultural 9- Gloria Espigado – Las mujeres en el anarquismo español 10- La Voz de las Abuelas. Fanzine histórico 11- Peggy Kornegger – Anarquismo, la conexión feminista 12- Periódico Mujeres libres (13 volúmenes) 13- Reflexiones sobre AnarcoTransFeminismo 14- Reflexiones sobre Anarquismo, Feminismo... Y lo que surja 15- Sugako, Kanno – Reflexiones en el camino hacia la horca 16- Texto sobre anarcofeminismo

Nos leemos en la barricada.

 
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from Anarrrcoteca

Bienvenides a esta pequeña biblioteca de barrio virtual.

Comentar que son libros no solo del territorio ocupado por el estado español, si no que hay libros de varios lugares y luchas particulares.

Se agradecen donaciones de libros, fanzines, escritos, imágenes o lo que sea que tenga que ver con la pedagogía libertaria, como por ejemplo, este documental:

https://tube.todon.eu/w/vSjHwW6oUYqLEhvjvBV2Ub

Dejo el link a los libros lo primero y detallo los libros que se encuentran ahí.

https://archive.org/details/pedagogialibertaria

1- Abel Lisman – Pedagogía Incendiaria. La escuela tiene los días contados.

2- Adrián Soto Salmerón Y Martín Luengo – 35 años, Paideia, la escuela de la
anarquía.

3- Ana Sigüenza – La pedadogia libertaria.

4- Angel Cappelleti – Ferrer i Guardia y la Pedagogia Libertaria.

5- Angel Cappelletti – Francisco Ferrer i Guardia y la pedagogía libertaria (otra versión).

6-Auridice Cabañas – Pedagogías libres en la intersección entre el arte, la tecnología y los videojuegos.

7- Carlos Diaz y Félix Garcia – Ensayos de Pedagogia Libertaria.

8- Charles Fourier – Educar para la libertad y la felicidad.

9- Colectivo Libertario Magonista – Educacion Libertaria y comunalidad.

10- Dora Barrancos – Anarquismo, educación y en la argentina a principios del
siglo XX.

11-Eliseé Reclus – El porvenir de nuestres hijes.

12-Élisée Reclus, Educación.

13- Félix Carrasquer – Escuela Eliseo Reclus. Una experiencia de educacion autogestionada.

14- Félix García – Escritos anarquistas sobre educación.

15- John Taylor – Historia secreta del sistema educativo.

16- Josefa Martín Luengo – La Escuela de la Anarquía.

17- La anarquía explicada a les niñes.

18-Marcelo Maldonado – Esbozos de pedagoga libertaria en el altiplano.

19- Paideia, una escuela libre – Memorias.

20- Paul Goodman – La deseducación obligatoria.

21- Paul Robin – Manifiesto Educación Integral.

22- Pedro García Olivo – Educando en la Docilidad.

23- Pedro García Olivo – La bala y la Escuela. Holocausto indígena.

24- Proyecto Educativo Libertario – Una Conversacion Sobre Educación Libertaria con Silvio Gallo.

25- Ricardo Mella – Divagaciones sobre la enseñanza.

26 Sebastian Faure – La Ruche una Experiencia Pedagógica.

27- Selección de Escritos – Educacion Anarquista aprendizajes para una sociedad libre.

28- Silvio Gallo- El paradigma anarquista de la educación.

29- Tina Tomassi – Brevario del pensamiento educativo libertario.

Nos leemos en la barricada.

 
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from Anarrrcoteca

Bienvenidas/es/os a esta pequeña biblioteca de barrio virtual.

Comentaré un poco lo que voy a hacer:

  • Subir libros, manuales, fanzines, imágenes y en general, textos de carácter libertario, asambleario, pedagógico y antiautoritario.

  • Categorizar de diferentes formas los textos según los temas que traten, excepto cuando no sepa catalogarlos por no haber leído el libro, que irán a miscelania.

He de reconocer que no he leído muchos de los textos que voy a subir ya que he estado como un ratoncillo que guarda comida para tiempos duros. Si cualquier texto contiene opiniones discutibles (o directamente navajeables), se procederá a quitarlos comentando el por qué.

De momento, voy a ir subiendo poco a poco los textos y vamos viendo cómo ampliar esta parcelita de apoyo mutuo y autogestión poco a poco.

Nos leemos en la barricada.

 
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from Diario de un corredor de montaña

El pasado martes tocó visita al fisio para intentar eliminar del todo las molestias en el glúteo y pierna que arrastro desde que comencé con la ciática. Para correr la verdad es que apenas me afecta, pero para conducir ya es otra historia, así que allá fui, con la dulce inocencia de un niño que no sabe lo que le espera.

Mi fisio es muy buena, pero estoy convencido de que en otra vida fue Jack el Destripador. O quizá Vlad Tepes, no lo sé. El caso es que acabé indefenso y despojado de mi orgullo y de mis pantalones, tendido boca abajo en la camilla y a merced de unas manos sedientas de sangre. Debo decir que apenas lloré, lo que me llena de satisfacción, porque me dejó el culo marcado, quizá de por vida, con unos terribles (bueno, quizá no tanto) moratones. Entre el masaje y la punción seca estuve dos días que parecía un cervatillo recién nacido.

Así que decidí tomarme la semana de descanso relativo. El jueves, en lugar de salir a correr, me quedé en casa entrenando fuerza, y ya hoy, que era capaz de dar dos pasos seguidos sin que se me doblasen las rodillas, volví a los caminos.

Con un tiempo primaveral como hace semanas que no teníamos, y con los senderistas saliendo como si fuesen champiñones, comencé la ruta. Ya solo por el hecho de cambiar el gorro por la gorra el día valió la pena, pero además debo decir que mi maltrecho culo respondió bastante bien. Es cierto que, a mitad de camino, noté que se cargaba un poco, aunque sin llegar a ser doloroso, por lo que decidí volver a casa un poco antes por lo que pudiese pasar. Eso sí, el camino de vuelta lo hice realmente rápido comparado con otros días, en los que vuelvo más como un alma en pena que como un ser humano.

Ya en casa, la sesión de estiramientos confirmó que el culo estaba mejor. Aunque lo seguía notando cargado, no me molestaba tanto como otras veces. Eso sí, no descarto una segunda visita a Vlad (quién dijo miedo), porque el volver a vivir el día a día sin dolor bien vale que te dejen el culo hecho polvo.

 
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from zona de confort

Hace unas semanas vi un vídeo de una conocida booktuber donde hablaba sobre las nuevas tendencias literarias, según ella, en un tono distendido, ya se trata de contenido de entretenimiento.

No obstante, hubo algo que me llamó la atención y es el regreso de los clásicos literarios.

El motivo me sorprendió (y la vez no, por desgracia).

Las novelas clásicas anteriores al siglo XX (incluso las de los inicios de este mismo siglo) suelen ser reeditadas constantemente por las editoriales con picos en los cuales llegan más al mainstream por la publicación de ediciones especiales, adaptaciones recientes al cine,...o simplemente por la cultura pop.

Esto ha pasado recientemente con Drácula, Frankestein y Cumbres Borrascosas, por ejemplo. En resumen se podría decir que nuevos tiempos necesitan nuevas adaptaciones.

Pero a lo que iba, independientemente de esta necesidad de renovación del lenguaje cinematográfico hay otro factor que devuelve a los lectores a desear revisarlos y es la irrupción de la IAgen (en absolutamente todo lo que imaginemos) tal y como apuntaba esta booktuber no tenemos la certeza de que las novelas publicadas a partir de 2022 están escritas con ayuda de una IAgen o no (en realidad ya hay personas expertas en detectar si es así) aunque tampoco es plan de meter a todo el mundo en el mismo saco (los autores que escriben sus novelas/obras sin ayuda de la IAgen existen).

A mi esto de la IAgen me cabrea mucho, en la ilustración parece que está medio normalizado con la excusa de que es “una herramienta más” y que “hay que convertirla en una aliada”.

Ya se han publicado libros que están hechos claramente mediante esta tecnología por su estética Pixar. Así que no me extraña que se haga también la literatura mainstream donde es más complicado detectarlo a simple vista. Como nos decían en el cole: si copias te engañas a ti mismo (en realidad es algo más complejo que solo copiar).

Sin embargo, creo que esto es más que eso, es el capitalismo que nos come y la imperiosa necesidad de crear por crear para inundar de contenido las redes sociales sin importar que el resultado tenga un mínimo de calidad.

Otra de las tendencias literarias de este año según esta booktuber era el regreso de la poesía, por los motivos que por el regreso de los clásicos y también porque los lectores necesitamos volver a leer pausadamente.

Lo suscribo 100%

 
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from myreviews2024

Recuerdo la primera vez que entré en Pandora. No fue un lugar; fue un estado mental. Un horizonte dentado, colores que parecían pintados con electricidad y un humor que no pedía permiso para existir. Borderlands nunca fue simplemente una saga de disparos con botín; fue una celebración del exceso, una caricatura consciente de sí misma, una ópera espacial donde el absurdo y la emoción compartían escenario.

El logo de Borderlands 4 apareciendo sobre un fondo de caos, balas y estilo artístico de cómic característico de la saga.

Ahora, al pensar en Borderlands 4, siento algo distinto: no solo anticipación, sino curiosidad. ¿Cómo se expande un universo que ya parecía estirado hasta el límite de su propia exageración? ¿Cómo se reinventa el caos sin traicionar su esencia?

El legado del ruido y la risa

La identidad de Borderlands siempre ha estado hecha de contrastes. Un mundo áspero, casi inhóspito, donde la violencia estilizada convivía con diálogos que rozaban la comedia absurda. Personajes excéntricos que parecían salir de un cómic febril, pero que, de alguna manera, lograban dejar huella emocional.

Si Borderlands 4 quiere trascender, no basta con añadir más armas, más números flotando en pantalla o más rarezas cromáticas. El desafío es más delicado: encontrar una nueva cadencia dentro del ruido. Transformar el frenesí en algo que no solo impresione, sino que permanezca.

Una guarida secreta de banda oculta tras una cascada de ácido, con luces de neón parpadeando en la entrada.

La saga siempre entendió que el botín no era solo recompensa mecánica, sino promesa narrativa. Cada arma era una pequeña historia: un fabricante con personalidad propia, un efecto secundario inesperado, una descripción cargada de ironía. Imagino que en esta nueva entrega esa filosofía podría evolucionar hacia sistemas aún más orgánicos, donde el equipo no solo modifique estadísticas, sino estilo, estrategia y hasta identidad.

Más allá de Pandora

Uno de los movimientos más significativos en entregas anteriores fue expandir el mapa estelar, salir del desierto rojizo y explorar otros paisajes. Si Borderlands 4 decide profundizar esa expansión, no se trataría solo de cambiar biomas, sino de redefinir atmósferas.

Un nuevo planeta no debería ser solo un telón distinto, sino un pulso diferente: climas que influyan en el combate, ciudades verticales que alteren la movilidad, entornos que respiren historia. La dirección artística siempre fue una de las fortalezas de la saga; ese trazo cel-shading que convierte cada escena en viñeta viva. En hardware actual, ese estilo podría alcanzar un nuevo nivel de detalle sin perder su carácter artesanal.

Imagino cielos que mutan con el paso de las horas, tormentas que cambian la lectura del terreno, asentamientos que parecen construidos con restos de sueños industriales. En Borderlands, el entorno nunca fue neutro; siempre fue un personaje más.

El jugador intercambiando armas sobre la marcha durante un tiroteo, pasando de una escopeta a un lanzacohetes en fracciones de segundo.

El humor como equilibrio

Hay algo frágil en el humor. Cuando funciona, ilumina. Cuando se exagera, se diluye. Borderlands 4 tiene ante sí la oportunidad de refinar su tono: conservar la irreverencia, pero permitir más matices.

Las entregas previas mostraron que detrás de la sátira corporativa y los chistes meta había espacio para momentos de pausa, incluso de melancolía. Esa combinación es la que da profundidad. Un mundo que solo grita termina por agotarse; un mundo que alterna intensidad con silencio logra resonar.

Quizá el verdadero salto evolutivo no esté en la cantidad de líneas ingeniosas, sino en su intención. Personajes que no solo provoquen risa, sino que sorprendan por su vulnerabilidad. Antagonistas que no dependan exclusivamente del carisma estridente, sino de convicciones que inviten a reflexionar, aunque sea por un instante.

Un anuncio dentro del juego para el pase de temporada, mostrando siluetas de futuros personajes y destinos.

Mecánicas que respiren libertad

En lo jugable, la saga siempre destacó por su fluidez cooperativa. Entrar con amigos, repartir roles de manera casi intuitiva, descubrir sinergias inesperadas. Si Borderlands 4 logra profundizar en esa cooperación —quizá con habilidades que evolucionen según cómo se usen en equipo— podría transformar la experiencia en algo aún más dinámico.

También hay espacio para sistemas más flexibles. Árboles de habilidades que no solo desbloqueen poder, sino que planteen decisiones significativas. ¿Especialización extrema o versatilidad arriesgada? ¿Daño inmediato o control estratégico del campo? El equilibrio entre accesibilidad y profundidad será clave.

Y luego está el ritmo. Borderlands siempre fue vértigo, pero el vértigo necesita respiración. Misiones que alternen intensidad con exploración libre, instancias que permitan simplemente deambular, escuchar transmisiones lejanas, observar detalles que no exijan disparar para existir.

Tecnología al servicio del estilo

Con la potencia de las consolas y PC actuales, Borderlands 4 podría ampliar su escala sin sacrificar claridad visual. Iluminación más compleja, físicas más reactivas, densidad de elementos en pantalla. Pero lo esencial es que todo eso sirva al trazo distintivo de la saga.

Un potenciador elemental de fuego cubriendo el arma del jugador, las llamas reflejándose en el casco mientras se prepara para disparar.

El cel-shading no es una limitación; es una declaración. Significa que la realidad en este universo siempre está ligeramente exagerada, como si cada escena fuese una ilustración que decide moverse. Mantener esa coherencia estética será tan importante como cualquier innovación técnica.

La pregunta que permanece

Más allá de mecánicas y gráficos, lo que realmente define a Borderlands es su energía. Esa sensación de que el caos puede ser colorido, que el exceso puede ser expresivo. Borderlands 4 tiene la tarea de conservar esa chispa sin repetirse.

No necesita reinventar su ADN, pero sí escucharlo con atención. Entender qué parte del ruido era emoción genuina y cuál era simple inercia. Ajustar el volumen sin perder la música.

Si logra ese equilibrio, podría convertirse no solo en la siguiente entrega, sino en una reafirmación. Una prueba de que incluso las sagas más estridentes pueden evolucionar con elegancia. Que el humor puede madurar sin perder filo. Que el botín puede seguir sorprendiendo.

Al final, lo que espero de Borderlands 4 no es únicamente más armas ni más enemigos excéntricos. Espero un mundo que me invite otra vez a perderme en su ironía, a encontrar belleza en su desorden, a recordar que el videojuego puede ser al mismo tiempo espectáculo y sátira, ruido y reflexión.

Porque en ese contraste —entre explosión cromática y pausa íntima— es donde Borderlands siempre ha encontrado su verdad.

 
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from Diario de un corredor de montaña

La salida de hoy ha sido especialmente satisfactoria. Divertida también, pero si tuviera que elegir un adjetivo para definirla sería el primero.

El domingo es para mí el mejor día para correr. Estoy descansado después de la semana de trabajo, y cojo los caminos con muchísimas ganas. Como siempre, he amanecido pronto, sobre las seis. He desayunado con calma, y he leído un buen rato en la inmejorable compañía de mis gatos hasta que se ha levantado mi mujer. Entonces me he vestido, he calentado mientras comentaba con ella lo acontecido durante el Benidorm Fest y me he echado al monte.

De salida hacía fresco, pero no aire, y solo por eso ya se veía venir un día magnífico. La zona por la que salgo a correr se podría dividir en dos: la primera, y la más cercana a mi casa, es la zona de la atalaya, llamada así porque en su punto más alto tiene, y esto no lo adivinaríais jamás, una atalaya. La segunda, algo más retirada, es la zona conocida por aquí como la fuente del moro. Antes de mi mala racha con las lesiones y dolores varios (fascitis plantar y ciática), acostumbraba a salir por un camino bastante cómodo que lleva directo a la zona de la fuente del moro, pero tras comenzar con la recuperación comencé a salir por la atalaya, que tiene unos caminos mucho más estrechos, agrestes y divertidos.

Es cierto que yo soy más bien tirando a idiota, no os voy a engañar, pero no lo soy tanto como para no aprender de mis errores. Así que en mi regreso a los caminos moderé mucho el kilometraje, aumentándolo poco a poco y muy progresivamente. Por eso durante este tiempo me he limitado a salir por la atalaya, y como mucho rozaba la parte más cercana de la fuente del moro. Hasta hoy, que he pensado que qué demonios, que ya era hora de volver a andurrear por esos bonitos parajes.

Y hete aquí que me lancé como un chiquillo con zapatos nuevos a triscar por el monte, saludando a perros (hoy no me ha atacado ninguno, biennn) y a los pocos senderistas que me he cruzado. Tras dejar atrás la atalaya avancé por el Sembrado del Paisano™ (si seguís mis aventuras ya sabéis de lo que hablo. Si no lo hacéis, debería daros vergüenza) y entré de lleno en la fuente del moro. En vez de coger el camino corto, tomé uno de los caminos largos, que bordea la zona. Bajaba por un sendero que discurre paralelo al cauce seco de un río y que tiene unas cárcavas terribles, que siempre me hacen pensar en lo que pasaría si tropiezo y meto una pierna ahí (estoy preparando una entrada sobre este tema, de hecho). Y al doblar por un recodo del camino fue cuando recordé lo que se me venía encima: una subida terrible, con un terreno tremendamente irregular. Pero yo ya sabía que lo peor venía después, porque al acabar esa subida, tras otra revuelta, te topas de cara con una que deja a la anterior como un paseo por el parque de mi barrio.

Apreté los dientes, y firme y decidido giré para enfrentarme con mi bestia negra. La primera subida la hice corriendo, como antaño, pero ya sabía que la próxima iba a ser imposible. La recordaba como una autentica pared que solo podía subirse caminando. Así que doblé la última curva y me preparé para lo inevitable, pero entonces vi que igual no era para tanto. Desde luego que era una subida dura, y muy irregular, pero quizá no tanto como para no subirla corriendo. Así que reduje la zancada, aumenté la cadencia, y tiré para arriba como si me persiguiese un inspector de hacienda. Y ¿sabéis qué? Que efectivamente no fue para tanto. Sí, llegué cansado, porque ya llevaba una buena encima, pero ni mucho menos como meses atrás. Y mientras volvía a casa me dio por pensar que no es que esa subida me pareciese más terrible en su momento de lo que es realmente. Es que, cuando haces algo habitualmente, y sobre todo si lo haces con ganas, poco a poco vas mejorando. Y el concepto «subida terrible» adquiere otro significado. Y me dio por sonreír, y así volví por el camino que lleva de vuelta a casa, con una sonrisa en los labios.

Cuando llegué a mi amado hogar y consulté el reloj, comprobé que había pasado de los diez kilómetros, algo que no había hecho desde antes de la lesión, y entonces mi sonrisa se acentuó aún más. Supongo que ahora, y esto que quede entre nosotros, mi objetivo de correr una media maratón por la montaña está un poco más cerca. Así que seguiré corriendo, siempre con cuidado, pero un poco más lejos cada vez, sabiendo que puede que el hábito no haga al monje, pero sí hace al maestro.

 
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from Diario de un corredor de montaña

A menudo se habla de la importancia de la práctica del deporte para mantener un buen estado de salud física, pero hoy quiero destacar la importancia del deporte para ayudar a la salud mental.

Llevo unos días que, entre los problemas domésticos, los problemas laborales, y el tiempo que hemos tenido las últimas semanas, ando algo bajo de moral. Pues durante esos días (y hoy especialmente) he esperado mis salidas a correr por el monte como un niño espera el furgón de los helados en cualquier película yanki. El deporte está siendo una verdadera tabla de salvación, en resumidas cuentas.

Y mira que, aunque hoy el día se prometía soleado (en la zona centro, al menos), la tarde ha sido horrible: mucho aire y cielo nublado amenazando lluvia durante toda la salida. Es más, hoy no me he encontrado con ninguna unidad de ser humano en todo el camino. Sí que ha habido alguna unidad conejil que se ha escondido al verme, pero a eso ya estoy acostumbrado (a los conejos, no a que se escondan al verme, que incluso corren a mi lado de vez en cuando). El caso es que, pese a lo desapacible de la tarde, he vuelto a casa en un estado de calma absoluta, con los problemas aún ahí, pero un poquito más lejos que antes de salir.

Así que os animo a practicar algún deporte que os motive, el que sea. Puede ser correr, puede ser montar en bici, el fútbol, el baloncesto o simplemente caminar. No será la solución definitiva, pero ayudar ayuda.

 
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from Diario de un corredor de montaña

Hoy ha sido una mañana entretenida. Como durante la semana no había podido correr por el tiempo (vamos, poder podía, pero tampoco se me va la vida en esto como para calarme hasta los huesos), hoy he hecho una tirada un poco más larga.

El día comenzó muy frío, con un aire que cortaba. Pertrechado con gorro, braga y cortavientos, me eché a los caminos. Mucho charco y mucho barro, como era de esperar. La ruta avanzaba bien, cruzándome con alguna persona más de lo que suele ser habitual por esos parajes. Se notaba que hoy no iba a llover y que la gente tenía ganas de salir.

En un momento dado vi un perro a lo lejos. Se trataba de un pastor alemán que corría y jugaba como si mañana no tuviese que madrugar para ir a trabajar (sigh). Detrás del perro, como suele ser habitual, apareció la dueña, igualmente despreocupada y con la correa sobre los hombros. El perro, al ver un juguete nuevo ante sus húmedas narices, se lanzó hacia mí como alma que lleva el diablo, mientras su dueña lo llamaba. Yo, que soy amigo hasta de los piojos, le dije que no pasaba nada, que no se preocupase. Claro, eso fue hasta que el hijo de Satá... digo, el perro, me empezó a tirar bocados a las zapatillas. Ahí, no os lo niego, me empecé a preocupar.

Como se ve que el perro no se conformaba con el plástico de las zapatillas, pronto comenzó a dirigir sus dentelladas un poco más arriba, hacia uno de mis gemelos, que poco faltó para verse transformado en hijo único. La dueña seguía con su «es que es muy bruto, perdona». Y yo seguía con mi «no pasa nada, tranquila», pero me tuve que marcar un esprint de los que hacen época.

Después de eso acabé investigando algún camino nuevo, y uno de ellos me llevó a la valla metálica que delimita una zona militar. No sé que hacen allí (cosas militares, como diría Peter Griffin), pero preferí dar la vuelta por si algún recluta con mala puntería erraba el disparo de un obús.

A esas alturas de la mañana ya hacía calorcete. Sobraba braga, sobraba gorro y sobraba de todo. Me apreté mi nuevo gel sabor speculoos (sabor dulce de leche, vamos, pero mola el nombre), y continúe corriendo, esta vez por caminos más conocidos.

Fue en ese momento, al acercarme a una curva, cuando escuché un «vamos, vamos» que, con mi perspicacia habitual, me hizo sospechar que algo venía. Y efectivamente, tres ciclistas armados (digo bien) con enormes bicicletas de esas que tienen unas ruedas que parecen salidas del siglo XIX irrumpieron frente a mí a toda velocidad. Pude esquivar a los dos primeros, pero el tercero venía derechito hacia mí. Yo solo podía mirar su casco integral, hipnotizado como un conejo ante los faros de un coche. Por suerte el ciclista en cuestión era bastante ducho en estas lides y fue él quien me esquivó a mí.

Por fin, después de los sustos de la salida, emprendí el camino de vuelta a casa con el corazón en la garganta, el speculoos en el estómago y las piernas machacadas. Agotado pero feliz.

 
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