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from scripta

Mi móvil tiene casi siete años y cada vez menos movilidad. Todo le cuesta: abrir, cerrar, mostrar, enviar, recibir, actualizar, reproducir y un largo etcétera. De momento, todas las aplicaciones funcionan porque aún es capaz de soportar el sistema operativo actual, aunque ya se oyen tambores que para el próximo cambio de versión no podrá. Entonces comenzarán a fenecer poco a poco algunas aplicaciones que, sin las debidas actualizaciones, cada vez me alejarán más de la experiencia plena que la tecnología me brindaría si me añado al flujo de lo actual y adquiero el último modelo. Menuda tontería. No debería olvidarme que lo que tengo es un teléfono con cosas, pero sigue siendo un teléfono y lo seguirá siendo. Que me falten cosas, mientras no sean cosas básicas, que de éstas hay muy pocas, no tiene por qué ser un problema.

Estos son mis principios, pero si me lo envuelves de regalo, los cambio.

 
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from scripta

Surto a treure la brossa orgànica i haig de buscar l'ombra per arribar al contenidor més proper, a poc més de cent metres del portal de casa. El sol té ganes de brega avui i no ha estat bona idea aventurar-se per fora tot just després de la becaina. Però ja no hi ha remei i el contenidor m'espera per recollir allò que no vull que lixiviï a casa. Fa calor, molta calor. El contenidor està a ple sol, a l'altra banda del carrer i, per tant, haig de creuar el riu d'asfalt, trepitjar la vorera roent, obrir la tapa cremant, deixar anar la bossa i tornar ràpid al costat fosc (suposo que Darth Vader tenia algun sistema de refrigeració al casc perquè no li bullissin les idees) abans no deixi anar també la vida. Agafo aire, agafo embranzida i ho faig tot més ràpid que la velocitat de la llum, que és la portadora de la calor.

He tornat a casa, sa i estalvi, per adonar-me que havia oblidat baixar també els envasos. Ho sento, però avui prefereixo quedar-me fent de Diògenes a casa.

 
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from scripta

La fusta dels palets sovint té nusos i aquests nusos de vegades es desprenen i te'ls trobes passejant per la fàbrica, amagats al costat de qualsevol màquina. Semblen esperar el moment de recuperar per a la natura tot allò d'artificial que l'ésser humà ha creat. A més, acostumen a ser de color fosc, com l'òxid, un altre aliat per a la destrucció o, millor dit, restitució dels ferros a l'entorn. Els plàstics potser són més difícils de digerir, però la vegetació ja sap bé com amagar-los de la vista.

Quan hagi passat prou temps perquè l'humanitat esdevingui una història del passat, del nus de fusta amagat al costat de la màquina sortirà un senyal perquè tot comenci de nou, ja sense nosaltres. La natura foragitada reconquerirà el seu espai. I serà un món millor.

 
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from Hic sunt stories

Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona pulcra y ordenada. Pero este fin de semana no lo es. No lo es ni mucho menos. Este fin de semana ha comenzado sus vacaciones y necesita desfogarse. La habitación de hotel en la que duerme está hecha un desastre, la ropa de cama tirada por el suelo y su vestimenta esparcida de cualquier manera. En la mesa de centro del pequeño salón que acompaña la estancia hay dos rayas de cocaína perfectamente alineadas en una bandeja metálica. Junto a ella dos copas, una de ellas utilizada como cenicero, contienen un líquido ambar.

Un teléfono móvil suena. Ricardo abre los ojos mientras un millar de agujas se clavan en su cerebro. Mira a su lado, en la cama, y solo ve un espacio vacío que aún conserva la forma de un cuerpo de mujer. El teléfono sigue sonando. Ricardo reconoce el tono de llamada, es el móvil del trabajo. Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona responsable. Sabe que, aún estando de vacaciones, no puede rechazar esa llamada. Ignorando el dolor de cabeza y venciendo una súbita arcada se levanta y busca a tientas bajo el edredón, que yace en el suelo como si fuese una alfombra, siguiendo el sonido.

—Ricardo Soler al habla —dice cuando por fin lo encuentra y pulsa el botón verde de la pantalla. Escucha unos segundos con atención y después vuelve a hablar—. Solo llevo dos días de vacaciones. ¿No puede encargarse otro? —Más silencio—. Entiendo, estaré allí lo antes posible.

Cuelga el teléfono y se dirige al armario. Coge la maleta y mete en ella toda su ropa. Está bastante seguro de que se deja algo olvidado, pero no es momento de ponerse a buscar calcetines detrás del sofá. Lo que no perdona es el café y la ducha. Prevé un día intenso, y necesita ambas cosas como el respirar. Tras liquidar la cuenta de la habitación sale a la calle y coge un taxi.

—Calle Benavente diez, por favor —le dice al taxista, que por fortuna no parece tener ganas de charla.

Y mejor así, porque Ricardo tiene que trabajar. Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona concienzuda. Abre el portátil e introduce su contraseña. El correo que Beatriz le ha enviado lo está esperando en la bandeja de entrada. El asunto del mensaje no puede ser más sombrío: «Posible nueva variante del ébola». Comienza a leer, y su rostro va perdiendo el color a medida que pasan las líneas. Descarga los archivos adjuntos, que resultan ser las analíticas de los cuatro misioneros españoles contagiados. Ricardo las estudia con preocupacion. Todo indica que se trata de una variante grave. Muy grave. Extremadamente contagiosa y extremadamente mortal. Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona que sabe conservar la calma, pero ahora está nervioso. Si esa nueva cepa se extiende puede provocar una pandemia que dejaría el covid como un simple resfriado. Cierra el portátil y se quita las gafas. Se masajea con el índice y el pulgar el puente de la nariz. Daría lo que fuera por un analgésico para mitigar aunque fuese un poco ese terrible dolor de cabeza. La voz del taxista lo trae de vuelta a la realidad.

—Ya hemos llegado. Benavente diez.

Ricardo paga con un billete de cincuenta y no se molesta en coger el cambio. Entra en el edificio gris que está frente a él, un edificio sin carteles de ningún tipo. No interesa que los ciudadanos sepan lo que pasa tras sus muros. Saluda al recepcionista, que lo mira extrañado.

—¿No estaba de vacaciones, doctor Soler?

—Me parece que aquí nadie sabe lo que es eso —contesta Ricardo con una sonrisa triste.

Pasa su tarjeta por el lector del ascensor y pulsa el botón del sótano cuatro. Cuando se abren las puertas lo recibe el familiar caos del Centro de Contención de Enfermedades, solo que multiplicado por mil. Una mujer que apenas llega al metro y medio de altura y de edad indeterminada se percata de su presencia y se acerca a él con una voluminosa carpeta bajo el brazo.

—Me alegra verte, Ricardo —dice Beatriz—. Aunque sea en estas circunstancias.

—No me fastidies, Bea, que no han pasado ni dos días y ya me estáis jodiendo las vacaciones. —Ricardo se fija en el mohín de disgusto de la que lleva siendo su enlace en el Centro de Contención de Enfermedades desde hace más años de los que recuerda, pero decide ignorarlo. Nunca le ha gustado que sea tan malhablado—. ¿Eso de ahí son las pruebas completas de los misioneros?

Beatriz le tiende la carpeta, y mientras Ricardo la hojea lo pone al día.

—Los cuatro sujetos comenzaron a encontrarse mal tras regresar de una visita a un poblado cercano. Siete días después, para ser exactos. Los síntomas que sufrían eran los habituales del ébola: dolor de cabeza, vómitos, diarrea. Ya sabes cómo va esto. Los trasladaron al hospital más cercano y les hicieron las pruebas pertinentes, que confirmaron la infección. El gobierno enseguida puso un avión medicalizado a disposición de los misioneros para traerlos a un hospital especializado lo antes posible, donde les realizamos análisis más exhaustivos.

—Imagino que son los que me enviaste al correo —dice Ricardo, sin levantar la mirada de los papeles.

—Imaginas bien. Ricardo, esta nueva variante, si es que se confirma que lo es, es muy peligrosa. Es tremendamente peligrosa.

Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona inteligente, no hace falta repetirle las cosas dos veces. Cierra la carpeta y observa a Beatriz con atención.

—Es más contagiosa que el ébola normal, por lo que he visto.

—Lo es.

—Y todo apunta a que su índice de mortalidad será aún mayor.

—Mucho mayor.

—Pero hay algo más, ¿verdad?

Beatriz asiente con la cabeza.

—Lo que voy a decirte no lo verás en ningún informe, Ricardo, porque no queremos que se filtre a la prensa de ninguna de las maneras.

Ricardo está preocupado. Nunca, en todos los años que llevan trabajando juntos, ha visto así a Beatriz.

—Te escucho.

—De los cuatro misioneros, tres aún siguen mostrando síntomas visibles. Hay uno que casi seguro no lo va a contar. El problema está en el cuarto misionero. Ese se ha recuperado completamente.

—No entiendo. Si se ha recuperado es una buena noticia.

—Debería, pero no lo es. Le hemos realizado distintas pruebas para comprobar que ya estaba libre de la infección, pero el virus ha pasado a un estado latente. El muy hijo de puta casi se nos escapa, Ricardo. Pero sigue vivo, agazapado en el interior de su huésped sin dar muestras de enfermedad, dispuesto a dar la cara y transmitirse cuando menos lo esperemos.

Ahora es Ricardo el que pone una mueca al oír a Beatriz hablar así. Ella, que siempre se expresa con la máxima corrección. Debe ser una variante muy jodida para que pierda los papeles de esa manera.

—Entiendo. ¿Los resultados se han comprobado dos veces?

—Tres. Y siempre arrojan los mismos datos. Ricardo, este virus podría suponer un enorme golpe para la humanidad.

Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona pragmática. No pierde el tiempo en lamentarse, sabe que debe actuar con celeridad.

—Imagino que están en el Hospital de Santa Elena.

—En la planta de infecciosos. Pero ya están viniendo hacia aquí. En cuanto vimos a qué nos enfrentábamos me puse en contacto con el ministro de Sanidad y le hice ver la importancia de tratarlos en nuestras propias instalaciones. Llegarán en dos horas.

Ricardo mira el reloj y asiente. Tiene tiempo de prepararse. Dirige un parco gesto de despedida a Beatriz y vuelve al ascensor. Baja una planta hasta el sótano menos cinco, el nivel más bajo del edificio. Sabe que allí es donde llevaran a los misioneros cuando lleguen. Avanza por un largo pasillo de un aséptico color blanco, iluminado por tubos fluorescentes cada pocos metros, y entra en el vestuario. Allí, ayudado por uno de los empleados del Centro de Contención de Enfermedades, se viste con un traje de plástico rojo de una sola pieza. El aliento empaña levemente la escafandra que cubre su cabeza. El empleado le coloca los guantes de protección y después conecta el oxigeno al traje. Ricardo mira el reloj de la pared. Aún queda una hora y media para que lleguen los misioneros, pero prefiere esperar. Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona puntual. Asiente al empleado, que abandona el vestuario sin pronunciar palabra.

Ricardo observa los dos maletines que tiene ante él, sobre la mesa. Ambos son iguales, metálicos y de tamaño medio. Solo se diferencian en el color. Uno es azul, mientras que el otro es de un rojo vivo. Es su responsabilidad elegir uno. Ricardo piensa, como siempre, en la primera vez que tuvo que escoger con qué maletín iba a trabajar. Siempre es una decisión difícil. En aquella ocasión escogió el azul, pero esta vez sabe que será el rojo. Lo sabe desde el momento en que recibió la llamada de Beatriz, en lo que ahora le parece un tiempo muy lejano. Suspira, coloca el maletín en el suelo, entre sus pies, y se dispone a esperar.

Una hora y cuarto después el mismo empleado que lo ayudó a vestirse asoma la cabeza.

—Ya están aquí.

El empleado observa que Ricardo tiene el maletín rojo en la mano, pero no dice nada. Ricardo asiente y se dirige a la puerta que comunica el vestuario con la habitación donde le esperan los cuatro misioneros.

La habitación es amplia, contiene cuatro camas en línea y aún sobra espacio. Tres de los misioneros, que deben estar entre los sesenta y los setenta años, están de pie, charlando. Uno de ellos ha dejado atrás la enfermedad —aunque sigue siendo portador del virus, recuerda Ricardo—, y los otros dos no han desarrollado síntomas graves. Al menos aún. La cama del fondo está ocupada por otro hombre. Su aspecto es mucho peor que el de sus compañeros. Está conectado a una bombona de oxígeno y tiene los ojos entrecerrados, pero parece que está despierto. Cuando Ricardo entra se vuelven hacia él.

—¿Es usted el médico que nos va a tratar? —dice uno de ellos—. Apenas nos han contado nada durante el trayecto.

Si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona honesta. Pero hoy no. Hoy no lo es en absoluto. Deja el maletín sobre una mesa auxiliar que hay junto a la puerta y sonríe a través de la escafandra.

—Eso mismo. Soy el doctor Soler, es un placer conocerlos. Como ya sabrán se encuentran en el Centro de Contención de Enfermedades. Aquí los ayudaremos a recuperarse. Espero que en unos días puedan abandonar las instalaciones.

—¿Y el hermano Alfonso? —dice el que ha hablado antes mientras señala al ocupante de la cama—. ¿Cree que saldrá adelante?

—Haremos todo lo posible, pero estoy seguro de que será así.

—Con la ayuda de Dios —dice el misionero.

Ricardo dibuja una sonrisa triste en su cara. Demasiado bien sabe que Dios no tiene cabida entre esas paredes.

—Con la ayuda de Dios, por supuesto. —Mientras dice eso coloca el maletín frente a él y abre los cierres—. Ahora les voy a tomar unas muestras de sangre para evaluar su estado de salud.

—¿Otra vez? Nos han sacado sangre hoy mismo.

—Es el procedimiento habitual, no deben preocuparse. Haremos esto más de una vez durante los próximos días.

Mientras abre la tapa Ricardo piensa en el otro maletín, el de color azul, que se encuentra en el vestuario donde se puso el traje de protección, al otro lado de la puerta. El maletín que contiene las jeringuillas y viales para sacar sangre a los pacientes. No se arrepiente de la decisión que ha tomado. Al fin y al cabo, la tarea del Centro de Contención de Enfermedades es, como su propio nombre indica, contener las enfermedades. Contenerlas por todos los medios necesarios. Y esta nueva variante del ébola es demasiado incontrolable como para intentar atajarla. A veces es necesario cortar el problema de raíz. Ricardo coloca el maletín entre él y los misioneros, de forma que la tapa del mismo oculte su contenido. Coge la pistola semiautomática de su interior y enrosca el silenciador en el cañón. Sabe que está cargada y en perfecto estado. Lo sabe porque él mismo se encarga de su mantenimiento. Dirige una última mirada a los misioneros y quita el seguro de la pistola.

***

Diez minutos más tarde Ricardo sale de la habitación y entra en el vestuario. Ahora debe pasar por el tedioso proceso de esterilización del traje, hasta tener la completa seguridad de que no hay rastro del virus fuera de la habitación. Pero primero tiene que informar. Porque si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es una persona responsable. Aunque sabe que sus superiores lo han visto todo a través del circuito cerrado de televisión, él tiene que informar. Se acerca a la pared y pulsa el botón del intercomunicador que hay junto a la puerta. Suena un tono y después se queda en silencio.

—Al habla el doctor Soler. La enfermedad ha sido contenida.

No hay respuesta, pero Ricardo tampoco la espera. Ni la necesita. Porque si algo se puede decir de Ricardo Soler es que es un perfecto hijo de puta.

 
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from scripta

Concert de piano i pintura en viu “De 1548 a l'actualitat: viatge musical a la casa pairal de Cal Puigjaner”, a les deu de la nit. El petit escenari és a punt: un llenç blanc al costat d'una taula baixa amb pots i estris de pintura i un piano electrònic nord stage 4. La nit s'acosta mentre tothom espera que comenci aquest esdeveniment que combina so i imatge d'una manera diferent.

Les notes tenen color, les pinzellades se senten. El blanc és el silenci que va quedant enrere. El músic s'enfila pels camins de les melodies i la pintora ens fa el mapa que hem de seguir per arribar a començar de nou, on so i imatge siguin una única cosa compartida. No existeixen les arts perfectes, individuals, aïllades de tota la resta, sense res que ens lligui a la terra mentre volem. Aquí tot es barreja en un únic món de sensacions amb la seva pròpia topografia. I mentre les melodies acolorides ens fan veure la música i escoltar les figures, sentim un pessigolleig dins nostre perquè també ens estan acariciant l'esperit.

 
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from scripta

Ahir per la tarda va haver una estona llarga que no es veia Montserrat pel fum de l'incendi de l'Anoia. La Verge fumada, tornant-se encara més negra per la irresponsabilitat humana, que mossega la mà que li dóna de menjar. No ens mereixem habitar aquest planeta i, de fet, sembla que no fóssim d'aquí, que hi estiguéssim de vacances: uns passatgers al creuer espacial Terra. Però la veritat és que som tripulació i hem de treballar aquesta terra per tenir el dret de trepitjar-la.

M'agradaria entendre què li passa pel cap a un piròman per fer el que fa, però si miréssim dins del seu cervell potser només trobaríem fum. Potser foc i destrucció li sembla un bon lema, però només ho és aplicat al capitalisme o el feixisme (que són ben bé sinònims) i en sentit figurat. Cremar un bosc és una autolesió delictiva, una contribució impúdica a l'entropia i una aberració sense parangó. És ensorrar casa teva i arrossegar els teus veïns. En fi, no segueixo que m'encenc.

PD: Tan poc natural és calar foc a un bosc com netejar-lo.

 
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from Anarrrcoteca

ANARCOSINDICALISMO Y SECCIONES SINDICALES

Para empezar, hay que aclarar algunos puntos sobre las secciones sindicales. La sección sindical, según términos oficiales e institucionales, representa a les trabajadores afiliades al sindicato de la sección. Según la práctica anarquista, la sección sindical es la herramienta utilizada para organizarse de forma autónoma en la cual una persona será la portavoz (que no la representante) de les trabajadores de esa empresa afiliades a ese sindigato.

*¿Por qué es importante hacerlo por sección sindical y no presentarse a elecciones? Porque volvemos al problema de siempre: unes poques decidiendo por la mayoría. Sin embargo, una sección sindical anarquista, tendrá en cuenta (o debería) todas las opiniones, pudiendo decidir en asambleas las acciones a realizar. Estas pueden ser desde escritos de la plantilla hasta piquetes en centros de trabajo.

*Ahora bien, ¿en qué se diferencia une delegade sindical de une delegade de personal o comité de empresa? Le delegade de personal (en empresas con entre 1 y 49 empleades) y el comité de empresa (con 50 o más empleades) se supone que representan a toda la plantilla, les hayan votado o no. Generalmente (hay excepciones) no suelen hacer asambleas y en los “sindicatos” como UGT y CCOO lo más probable es que te vendan a la primera de cambio. Por el contrario, le delegade sindical es une portavoz que lleva las exigencias (que no peticiones) a la patronal, siempre con acuerdo votado en asamblea y consenso de la plantilla.

*¿Quién puede constituir una sección sindical? Cualquiera que esté afiliade al sindigato. En principio no hay número mínimo de personas aunque siempre es mejor consultar esto en tu sindicato de confianza. De hecho, puede constituirlo una sola persona o varias pero que solo hable con la empresa una persona.

*¿Cómo se constituye una sección sindical? En el sindicato anarcosindicalista más cercano te informarán de todos los pasos a seguir. Generalmente se presenta la creación de la sección en asamblea en el sindigato y se vota. Si se constituye la sección sindical, se rellenan unos papeluchos burocráticos, se envían a la empresa y au (no, no soy de la comunidad valenciana xD). Lo mejor para combatir a la empresa es reunir plantilla para hacer presión, decidir entre todes y también colaborar entre todes. Si no se puede porque son heredaempresas, pues constituyes tu la sección sindical y nadie tiene por qué saber si hay más gente en la sección o no. En algunos casos en los que hay poca plantilla es complicado ocultarlo pero bueno, algo más de protección da.

*¿Me pueden despedir siendo delegade sindical? Pos claro. Y de baja, si les denuncias, si no les denuncias, si te embarazas, si se te muere un familiar… Te pueden despedir siempre que quieran. Otra cosa es que el juez diga que es un despido nulo; algo que por cierto cada vez se ve menos y predominan los despidos improcedentes (que es despedir pero una miaja más caro). Agradeced esto a esas leyes tan maravillosas impuestas por cretinos que nos encadenan al puesto de trabajo o al paro. Así que, ya que nos pueden despedir, que al menos demos algo de lucha, ¿no?

Bueno, ahora vamos con el anarcosindicalismo así en general aunque voy a poner de ejemplo a la CNT AIT (ahora llamada de diferentes formas dependiendo del territorio por el tema del registro de la marca CNT xD).

*Para empezar, ¿qué significa ser anarcosindicalista? Significa no dejar que otres decidan por ti y utilizar la acción directa para conseguir mejoras y/o cambios. Quien trabaja eres tú, ¿por qué dejas que otres, incluyendo el patrón, decidan por ti? Por tanto, podemos definir el anarcosindicalismo como la organización de la clase trabajadora mayormente anarquista basada en la horizontalidad, la solidaridad y el apoyo mutuo.

*¿Quién se puede afiliar al sindigato? Pues cualquier persona excepto: miembros pertenecientes a las fuerzas del orden público, ejército, así como ningún cuerpo armado, ni persona alguna que ejerza o detente un cargo represivo. Tampoco lo podrán hacer quienes pertenezcan a otro sindicato, detenten cargos políticos en cualquier institución del estado, cargos internos en partidos políticos, se presenten a candidaturas políticas a elecciones, pertenezcan a comités de empresa, o en su defecto sean delegados de personal, o que se presenten a las elecciones de dichos organismos

*¿Cómo nos organizamos? Por secciones sindicales en las empresas y por sindicatos y federaciones fuera de ella. Para que me entendais, ¿sabeis cómo federan las instancias de mastodon? Pues es algo así. Las Federaciones pueden ser Locales, Comarcales, Provinciales o Regionales. A nivel del territorio ocupado por el estado español, está constituida la Confederación. Todos los sindigatos y las federaciones tienen total libertad y autonomía siempre y cuando no hagan algo que contradiga los estatutos de la Confederación ni los acuerdos de la Internacional (en este caso, AIT). Y bueno, para organizar todo esto se eligen a les portavoces, que harán llegar las propuestas y acuerdos. Es decir, está organizado de abajo a arriba ya que ni la Confederación ni la Internacional imponen sus criterios, como si hacen en otros “sindicatos” como Ojete y Comisiones Obscenas. Y por supuesto, con principio de horizontalidad cuya herramienta es la asamblea.

*¿Es importante crear la sección sindical en un sindicato anarcosindicalista? Pues sí, porque si la creas con sindicatos jerárquicos, lo más probable es que al ser le nueve no te den ni los céntimos de debajo del sofá y solo te tengan como propagandista para que se afilie más gente y les den más subvenciones que usarán para algo que no nos beneficia a ningune de les trabajadores de base. Además, empezar a tomar decisiones nos sitúa en una posición de poder y autonomía que los patrones no quieren ni ver. Sin embargo, delegar en otres decisiones vitales e importantes, nos deja en un lugar indefendible. Porque a ver, tú has votado, has participado de ello. Salga lo que salga, ajo y agua. Imagina que no sale lo que has votado o peor, imagina que sale lo que has votado pero no ves ningún beneficio de ello. Sin embargo, si eres tú quien toma las decisiones y se organiza, asumirás responsabilidades que nos han quitado la patronal y las instituciones. Poder decidir en el trabajo es una de las cosas más maravillosas que existen, ¿de verdad se lo vas a dejar a 4 mierdecillas que no van a velar por tus intereses o que cuando cambien los vientos te van a dejar en la estacada?

*¿Puedo negociar con la empresa siendo sección sindical? Depende de lo que entiendas por negociar. Si le presentas propuestas o reclamaciones a la empresa y esta no las atiende, lo mejor es pasar a la acción directa. ¿Cual? Pues dependerá mucho del contexto puesto que hay muchas herramientas para ello. Por ejemplo, se pueden enviar emails masivos a la empresa para que acceda a las exigencias de la sección sindical y/o la plantilla. O llamar por teléfono… La solidaridad internacional también es clave aquí puesto que las franquicias son especialmente vulnerables a las muestras de solidaridad de compas en otros paises o ciudades.

*Bonus track Aquí os dejo un video donde creo que por primera vez en la historia de la humanidad, Telemadrid dice algo que es verdad y se retracta de un error. Ea, de gratis xD https://youtu.be/NMN5hPCSHuk

 
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from zona de confort

Recibir el diagnóstico que confirman mis sospechas acerca del autismo y TDAH debería haber sido motivo de alegría.

Ahora entiendo porque me ha costado relacionarme con el resto de las personas y no me gustaba ir de fiesta cuando tocaba. No me estaba asilando por ello, estaba protegiendo mi salud mental de forma inconsciente. Socializar siempre ha tenido un coste alto para mí, si esto le sumaba los ambientes ruidosos el precio se elevaba.

Mi relación con la comida no fue especialmente buena durante la infancia y la adolescencia. Pasadas esas etapas me fui reconciliando con algunos alimentos. Resulta que no me gustaba la coliflor hervida, pero rebozada o en bechamel me la puedo comer.

Por otro lado, nunca he sido una estudiante brillante. Me aburría en clases de Historia. por ejemplo. Nunca he conseguido retener fechas concretas, tampoco los acontecimientos que marcaban los periodos históricos.

Sin embargo, mi curiosidad me ha llevado a acumular información (inútil o no) sobre la mitología celta, mitología japonesa, brujería, vampiros, licántropos, narrativa literaria y visual (occidental y oriental) y por supuesto, animales, ya sean perros, gatos u otra especie.

Conozco unas cuantas razas de perros, su procedencia originaria, su carácter, enfermedades frecuentes en algunos de ellos y los cuidados básicos que necesitan (a pesar de esto soy una firme defensora de los perros mestizos).

Con los gatos un poco lo mismo, aunque de estos animales me interesa además el estudio de su comportamiento, ya sea en compañía humana o en colonias felinas.

Ahora me ha dado por investigar tímidamente acerca de las plantas en general, más allá de su uso medicinal: me interesan las plantas de interior y los jardines, una naturaleza domada por la mano humana frente a los bosques (los bosques, otra de mis cosas favoritas, por cierto).

He sido una intensa cuando me dio fuerte con Doctor Who. Me aprendí los nombres de todos los actores que han encarnado al Doctor en su etapa clásica. El lore de la TARDIS, los daleks, la regeneración del Doctor y se puede decir que hice un curso intensivo de inglés solo viendo capítulos de esta serie.

Luego me dio por los Mumin y me enamoré de Snufkin, pero es que es imposible no hacerlo.

El diagnóstico debería ser motivo de alegría, ya que me ayuda a entenderme mejor a mi misma y a saber que en ocasiones camuflo por encima de mis posibilidades en una sociedad que cada vez es más veloz, más exigente y ruidosa. Una sociedad donde se penaliza al diferente si no es lo suficientemente productivo y rechaza las jerarquías.

Además de eso, tengo una maldición, la maldición de tener mil ideas en la cabeza y no poder ejecutar la mitad de ellas. Los principales culpables parecen ser las funciones ejecutivas y la memoria de trabajo.

Esto influye en mi forma de escribir, por supuesto. A veces suelo tardar en escribir en los blogs porque necesito organizar las ideas, y eso no es fácil.

Cuando lo hago soy escueta. Llegar a las 500 palabras es un milagro para mí, si a eso le sumamos la falta de constancia, el agotamiento mental que y que tampoco me da la vida para todo los resultados están a la vista.

Quizá tengo la suerte de que crear ha sido una forma de canalizar mi TDAH y que la expresión escrita sea la preferida de mi Autismo. Puedo hablar, sí, no obstante, tengo algo más de verborrea sobre el papel, aunque a veces no lo parezca.

Descubrir estas limitaciones han dado explicación a otras tantas cosas, pero también me ha dado el bajón. Lo único que lo compensa es que estoy por encima de la media en comprensión verbal.

 
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from Diario de un corredor de montaña

En mi búsqueda de la media maratón, hoy tocaban dieciséis kilómetros. No estaba seguro de si podría hacerlos, las cosas como son, porque el miércoles fui al fisio a que me diese un repaso en el culo y me lo dejó un poco bastante hecho puré. Pero vaya, como hoy estaba algo mejor decidí probar suerte, y si tenía que reducir la distancia tampoco había mayor problema.

Antes de seguir, deberíais saber una cosa del trail running. En este deporte no se corre siempre, hay muchos tramos (las subidas terribles que nos solemos encontrar) que se hacen caminando, a veces ayudándose de bastones o sin ellos, eso ya es cosa de cada uno. No sé si os habréis percatado, pero aquí, un servidor, es un poco bruto. Un poco demasiado, diría yo. Y cuando me empeño en algo me empeño con ganas. Así que durante mis salidas yo no caminaba nunca, a no ser que fuese estrictamente necesario. Vamos, que mientras tuviese piernas yo subía corriendo. Y claro, eso está muy bien si no haces muchos kilómetros, pero cuando los números empiezan a aumentar no hay dios que lo soporte. Y así acababa, exhausto como poco. Pero eso iba a cambiar, porque esta semana estuve buscando información sobre en qué punto hay que pasar de correr a caminar.

En ese pozo infect... digo, en ese pozo de sabiduría que es internet encontré varias webs que hablaban del tema. Se me llenó la cabeza de porcentajes, desniveles y muchos otros datos que no sabía por dónde coger, y ya me veía como el prota de Una mente maravillosa, sacando la pizarra antes de una subida y echando cuentas para ver cómo tenía que afrontarla. Hasta que encontré un sitio en el que lo explicaban para gente normal que no tiene un máster en física complicada por la Universidad de Mascachuches. La idea es que, si comienzas a subir dando más saltitos verticales que corriendo desplazándote en horizontal, estás haciendo el canelo (esto último es de cosecha propia). En ese punto es cuando correr no compensa, y el gasto energético es superior a la ventaja que puedes sacar corriendo. Fácil, ¿no? No sé si la ciencia avalará esta afirmación, pero a mí me vale como guía.

Pues dicho esto, vamos al lío, que yo sé que lo que os gusta es verme sufrir y no que os cuente mis películas.

Los primeros kilómetros fueron muy bien. La mañana no estaba especialmente calurosa, y unas pocas nubes se encargaban de tapar el sol. Afronté las primeras rampas duras con ganas, pero en cuanto vi que empezaba con los «saltitos» dejé de correr y me puse a caminar. A caminar rápido, se entiende, no de paseo. Después de unas cuantas subidas así vi que estaba mucho más entero que otras veces, y el ritmo de carrera no aumentaba tanto como se podía suponer. Es más, al final de la tirada acabé haciendo solo diez segundos más por kilómetros que en otras ocasiones, lo que no es significativo (al menos para mí).

En una de esas subidas, la que conduce a la atalaya, de la que ya os he hablado en otras ocasiones, vi algo unos metros más adelante que se movía hacia mí. Era demasiado pequeño para ser un conejo, y en un primer momento pensé que se trataba de un ratón. Pero el hecho de que no saliese huyendo me descolocó un poco. Tras dos o tres pasos me detuve, y mi misterioso adversario hizo lo propio. Se trataba de un sapo, o quizá una rana, la verdad es que no sé distinguirlos, así que de aquí en adelante me dirigiré a él como batracio. Pues bien, el animalejo estaba en todo el centro de un camino bastante estrecho, sin posibilidad de esquivarlo debido a lo impracticable de ese tramo concreto. Y el batracio en cuestión no tenía ninguna intención de esquivame a mí. Muy al contrario, abrió las patas delanteras e hinchó el pecho, como si quisiese hacerse más grande. Yo pensé que es justo lo que se recomienda hacer cuando te ataca un oso o un perro, y me alegró ver que el bichejo tenía la lección bien aprendida. Pero en ese momento tuve la duda de qué pasaría si pasaba junto a él, a escasos centímetros. ¿Me saltaría encima? Yo tengo una pequeña fobia con los saltamontes, y el que un batracio me salte a la pierna no entra dentro de lo que yo considero divertido. Pero algo tenía que hacer, así que me armé de valor y camine firme y decidido hacia mi rival. Debo decir que ambos nos comportamos muy dignamente, ninguno reculó ni un milímetro. Juraría que cuando lo dejé atrás el batracio me miraba de reojo con una gota de sudor cayéndole por la frente, pero de esto no puedo estar seguro al cien por cien.

Continué camino sin mayor incidente, salvo el de un señor de unos sesenta años que me aplaudió cuando pasé a su lado y me dijo que estaba en muy buena forma física. Yo le dije que hacía lo que podía, intentando no escupir ningún trozo de hígado al hablar, y me alegré de ver que ya tenía mi primer seguidor (porque el abejonejo del otro día no cuenta como seguidor, aunque me siguiese varias decenas de metros).

Por fin, llegué a la ansiada meta, mi casa, habiendo conseguido meter los dieciséis kilómetros que me había propuesto. Durante los últimos minutos tuve unas pequeñas molestias en los empeines, pero nada preocupante, creo.

Y mi culo respondió perfectamente, de lo cual me alegro.

 
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from zona de confort

Estos días he estado viendo algunos shorts de Blanca Guilera en youtube (creadora de contenido de salseos vintage, arte y moda), entonces vi uno que me llamó la atención que se llamaba mis obsesiones semanales.

Me gustó la idea entonces he pensé: oye y ¿si adapto el formato al blog? no creo que me dé para hacer una entrada semanal, pero de vez en cuando puede caer alguna.

Música. Últimamente estoy escuchando bastante música, ya que realizar cualquier otra actividad mientras dibujo me acaba drenando la energía. En fin, cositas.

Por lo general, suelo escuchar música en inglés o en otros idiomas que ni siquiera entiendo (esto incluye el euskera) para concentrarme mejor, pero a veces escucho música en español. Uno de mis descubrimientos más recientes ha sido la cantautora La Bien Querida, quien curiosamente fue ilustradora antes de dedicarse a la música.

Bebidas. Me ha dado por el té Matcha. Si no lo pruebo ahora que está en todas partes ¿cuándo si no?. Sin embargo, solo he encontrado uno que me ha gustado y es el de la marca Kaiku, además, lo prefiero caliente a frío, no sé, pero no sabe igual.

Documentales. Este año se está celebrando el 100 aniversario de Marilyn Monroe, así pues estoy aprovechando para conocer mejor su historia y la del personaje en cual decidieron encasillarle unos cuantos productores de Hollywood.

Ilustración. Llevo ya meses obsesionada con la técnica del collage, En concreto con el collage de papel pintado con acrílicos, gouache,...y estoy descubriendo que no existe una sola forma de hacerlo. Los hay más complejos como los de Jon Klassen en su novela La calavera a otros más sencillos como los de Julie Adore incluso digitales como los de Lucy Sherston.

Comida. Sí, yo también he caído en el canal de Diegodoal. El muchacho además de cocinar bien también es buen comunicador y sus recetas de kebab y falafel caseros están aprobadísimas.

 
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from missbrainslug

  • 1 kg de patatas para puré
  • 2 latas grandes de atún en aceite de oliva
  • 3 huevos cocidos
  • ¼ de lechuga iceberg, solo la parte verde
  • aceitunas verdes rellenas de pimiento (cantidad siempre a ojo, lo siento)
  • pimiento morrón (ídem)
  • mayonesa

Para las marineras:

  • rosquillas (a poder ser alargadas, con el agujero no muy ancho)
  • anchoas

Marineras en una fuente

Cocer las patatas y machacarlas en un bol grande. Añadir el atún y los demás ingredientes cortados en trozos muy pequeños. Más pequeños aún. Sí, esta parte es un coñazo y la razón por la que no la hago más a menudo.

Echar un poco de sal, un chorro de aceite de oliva y tanta mayonesa como necesite para tener la consistencia perfecta. Meter en un tupper y al frigo.

Ya sabéis que la ensaladilla siempre está mejor de un día para otro así que al dia siguiente: sacar las rosquillas, ponerles un buen pegote de ensaladilla y una anchoa (o media, según el tamaño) encima.

Si en vez de anchoa le ponéis un boquerón, es un marinero.

 
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from missbrainslug

  • hojas jóvenes pero grandes de limonero, lavadas y secas
  • 1 huevo
  • 200 ml de leche
  • 1 cucharadita de bicarbonato
  • unos 160 gr de harina (o como dicen las madres: la que os pida)
  • azúcar y canela

Paparajotes en un plato

Batir el huevo con la leche. Añadir poco a poco el bicarbonato y la harina. Dejar reposar una media hora. Despues de este tiempo comprobar la consistencia: tiene que estar lo suficientemente espesa como para quedarse adherida a las hojas.

Preparar dos platos (uno de ellos con varias capas de papel de cocina), un plato con el azúcar con canela y un cazo (lo prefiero a una sartén, para que salpique menos) con aceite de oliva bien caliente.

Remojar cada hoja en la masa, meterla rápidamente en el cazo, dejar sobre el papel de cocina para quitar el exceso de aceite, rebozar en el azúcar y depositar sobre el plato de servir.

Ya sabeis que la hoja no se come, aunque tampoco os va a pasar nada si os tragais algún trocito.

 
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from Deivis Diaz

Hartazgo

Es común hoy en día vivir bombardeado de noticias e información de calado negativo. Bien sea, en nuestro entorno o fuera de él. Se palpa en la calle. En las conversaciones de sobre mesa.

Esta monotonía de escándalos, robos e incluso vejaciones en nuestro entorno se ha convertido en el santo y seña del devenir nuestro.

Pero la vida es más que eso.

 
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from Anarrrcoteca

Bienvenides a esta pequeña biblioteca de barrio virtual.

Traigo una pequeña remesa de textos cuir y/o anarquistas que abarcan temas como el poliamor, lo trans y cómo intersecciona con el anarquismo. Seguramente amplíe en un futuro pero para que vayais haciendo boca (y culo) os traigo los textos más transmaricabibollo que he encontrado por ahí. Recordad que esto es una biblioteca de todes y para todes y se agradecen aportaciones que iré subiendo cuando pueda. Si quereis ayudarme, podeis poneros en contacto conmigo a través de urraca@tuta.io y nos organizamos.

Dicho esto, os dejo estos textos recopilados por una bisexual no binaria e intersexual que está hasta la genitalia de migajas y quiere la revolución para ayer.

https://archive.org/details/el-orgullo-es-nuestro

El orgullo es nuestro, que no nos capitalicen nuestras identidades ni nuestras luchas.

Y para esos “”“anarquistas”“” cuirfobos cacho mierdas, os dedico esta canción:

¡¡Contra los macarras, violencia bujarra!!!

https://youtu.be/SlxpB_WqA9c

Nos leemos en la barricada.

 
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from Diario de un corredor de montaña

Dispuesto a llenar mis depósitos de glucógeno como si estuviese echando gasolina a cincuenta céntimos el litro, el otro día encontré en el súper del barrio una papilla de arroz compuesta en un noventa y nueve por ciento por harina de arroz. O sea, hidratos a cascoporro. En la caja indicaba que estaba destinada a infantes de cuatro meses en adelante, y me dije que ey, yo tenía más de cuatro meses, así que me decidí a probarla.

Estuve los dos o tres días anteriores al domingo, día de la tirada larga, tomando un poco de esa papilla disuelta en algo de leche. Y esta mañana ha supuesto mi desayuno junto con unos cereales tipo corn flakes. Como ya me salían los hidratos por las orejas me calcé las zapatillas y salí a correr.

Ya había decidido un poco cual iba a ser mi ruta del día, pero a mitad de camino me puse a improvisar. Al pasar por las cercanías de la fuente del moro (aquella fuente maldita que está más escondida que el arca de la alianza) tomé un estrecho sendero que se abría a un lado. Este sendero se iba haciendo más impracticable a medida que avanzaba, y en algunos puntos se confundía con el cauce seco de uno de los muchos arroyos que discurren por la zona. Parte de ese camino lo tuve que hacer trotando o directamente caminando, debido a las ramas bajas y al terreno, pero al final acabé saliendo a una zona conocida, con unos aljibes antiguos muy chulos.

Continué corriendo por una parte nueva que aún no habían pisado mis pies, así que preferí llevar el móvil en la mano para orientarme, ya que estaba repleta de distintos cruces de caminos. En ese punto fue cuando pasé por una zona con unas pocas colmenas de abejas, situadas a unos diez o doce metros del camino. No colmenas naturales, aquellas en las que Winnie the Pooh gustaba de hurtar su miel a las abejas, sino esas cajas de madera repletas de panales cuadrados. Como no se veía movimiento, y ya que estaba en el meollo del asunto, continué adelante. Ya había pasado la última de las colmenas cuando escuché lo peor que se puede escuchar en esa situación: un intenso zumbido justo a mi espalda. Mis conocimientos de las abejas son más bien escasos, y se limitan a aquella vez, muy graciosa, en la que una me picó en la punta de la nariz (algún día os contaré esa historia), así que me lié a pegar manotazos hacia atrás.

Se ve que al bicho en cuestión no le hizo mucha gracia, porque me empezó a embestir, y uso bien esa palabra, con una fuerza inaudita, que me hizo pensar que más que a una abeja me enfrentaba al abejonejo de aquel anuncio de la tele. Viendo que no me iba a poder librar de él así como así, decidí tomar el honroso camino de la huida, así que me marqué un sprint de los que hacen historia. De hecho, al volver a casa he revisado la ruta en el móvil y se ve claramente el punto en el que sufrí tan cobarde ataque, porque es una zona de un color rojo oscuro que muestra la velocidad a la que iba.

No iba a ser ese el último susto del día, porque cuando ya estaba acabando la ruta tuve un tropiezo con una piedra en una bajada bastante tendida que me hizo dar dos o tres pasos avanzando a trompicones. Por mi cabeza pasó aquella vez en la que besé la lona con resultado de una herida muy fea en la palma de la mano y en la cara exterior de la rodilla derecha, pero en esta ocasión, más por pura suerte que otra cosa, conseguí recuperar el equilibrio y no caer al suelo.

Ya de vuelta, y mientras escribo esta entrada, he podido constatar que me encuentro mucho mejor que otros días, menos cansado. De hecho acabo de salir a tirar la basura y llevaba un paso ligero, nada propio en mí cuando vuelvo de correr. Así que puedo decir que la papilla de arroz funciona, que seguiré tomándola de forma habitual, especialmente los días antes de las tiradas largas. Y puedo decir que estoy contento, por ver que sigo avanzando, paso a paso en mi objetivo de correr una media maratón.

Pero sobre todo estoy contento porque hoy me he enfrentado al temible abejonejo y he salido victorioso.

 
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from missbrainslug

  • 500 gr de ruibarbo
  • 500 gr de azúcar para mermeladas
  • un trozo de jengibre del tamaño de un pulgar, cortado en trozos muy pequeños

La noche de antes: Pelar y trocear el ruibarbo y dejar reposar en un bol con el azúcar y el jengibre.

El ruibarbo despues de reposar: sus jugos han disuelto el azúcar

Por la mañana: Preparar los tarros. Poner la cazuela a calentar y dejar hervir durante unos 4 minutos.

El ruibarbo en una cazuela, los tarros e utensilios en la otra

Rellenar los tarros y darles la vuelta durante unos minutos para que cierren herméticamente.

Tarros de mermelada puestos boca abajo sobre un paño de cocina para que las tapaderas sellen bien.

Recomiendo no abrirlos hasta el invierno. Primero, porque reposado está mucho mejor. Segundo, porque una tostada con esto es un beso de primavera cuando más falta hace.

Frascos de mermelada con cierre de palanca. Contienen una sustancia dorada viscosa con tropezones.

 
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