un poco de curcuma (opcional) para que el color sea más intenso pero cuidadín con la cantidad porque el sabor puede ser bastante dominante.
para los tallos: 8 clavos (de especia, no de ferretería)
Batir la leche con la miel/el azúcar y la levadura. En otro bol, mezclar el puré de calabaza con el huevo, la curcuma y la mantequilla. Juntar las dos cosas y batir suavemente. Echar la sal e ir poco a poco incorporando la harina hasta que quede una masa suave.
Dejar levar durante una hora.
Dividir en 8 piezas iguales y formar una bola con cada una.
Con un cordel apto para horno dividir cada bola en ocho segmentos como en la primera foto y anudar.
Dejar levar otros 30 minutos.
Si se quieren más brillantes se pueden pintar con huevo batido antes de meter al horno a 180°C durante unos 20 minutos.
Dejar enfriar sobre rejilla antes de ponerles los tallos/clavos.
Se pueden comer tal cual o rellenar de dulce o salado. La verdad es que como más me gustan es con un poco de mantequilla de la buena y ya.
Separar claras y yemas.
Montar las claras con la sal.
Batir las yemas con el azúcar. Añadir poco a poco la leche y la harina hasta que resulte una masa suave.
Mezclar suavemente con las claras montadas.
Derretir mantequilla en la sartén (sin escatimar, como si no existiera el colesterol). Verter las pasas y la masa por encima, tapar y dejar cuajar un poco. Darle la vuelta como si fuera una tortilla y en cuanto empiece a cuajarse ese lado, romperla en trozos con una espátula de madera.
Servir con azúcar glasé por encima y compota de ciruelas (Zwetschgenröster) templada en un bol aparte.
Será una chorradita, pero está chef's kiss.
Tip: En sartén antiadherente es más fácil pero con una de hierro sale bastante más rico ya que se tuestan los bordes. Esta cantidad es para una sartén bien grande y con alto riesgo de lesionar muñecas al voltearla – been there, done that. Igual es mejor hacer la mitad en una sartén algo más pequeña.
Amasar 100 gr mantequilla, 75 de azúcar, la sal y un huevo. Añadir la harina con levadura e incorporar. Añadir el resto y amasar bien.
Meter en un tupper y guardar 1 h en el frigo.
Calentar el horno a 180°C (con ventilador)
Estirar la masa con rodillo y sacar las formas e ir poniéndolas con cuidado sobre papel para horno.
Hornear echándoles un ojo, porque el tiempo varia bastante con el tamaño y el espesor. Enfriar sobre rejilla.
Guardadas en envase hermético podrían durar semanas, presente de condicional.
Significa literalmente: “masa tierna” y es una masa muy apañá que os sirve tanto para una quiche como para un strudel.
160 gr de harina con una pizca de sal
100 gr de mantequilla no salada
Echar la harina con la sal en un bol y formar un cráter en el centro. Verter la mantequilla a temperatura ambiente en trozos y 2 cucharadas de agua fría. Amasar. Si se resiste, añadir un poco más de agua.
Guardar en un tupper cerrado en el frigo durante > 1 hora antes de usar.
Esta receta es perfecta para principiantes: muy fácil, admite muchas variaciones y aguanta bastante bien hornos descompensados. Los vasitos de yogur aquí son de 250 gr, así que si utilizais uno más pequeño teneis que adaptar las cantidades.
3 huevos
¾ vasito de azúcar
1 yogur (yo prefiero Sauerrahm = nata agria, pero con yogur tambien sale)
¾ vasito de aceite (p.e. arbequina)
3 vasitos de harina fina
1 sobre de levadura tipo royal (16 gr), no de panadería!
Variaciones:
– con ralladura de limón
– con pepitas de chocolate
– con zumo de mandarina y semillas de amapola
– con lo que se os ocurra
Batir enérgicamente los huevos con el azúcar.
Añadir el yogur/Sauerrahm y seguir batiendo pero más suavemente.
Incorporar el aceite poco a poco mientras se bate.
(Si le echais ralladura o zumo, éste es el momento)
Seguir batiendo e ir añadiendo la harina y la levadura poco a poco. Dejar de batir en cuanto la masa sea homogénea.
(Mezclar ahora las pepitas de chocolate, las semillas o cualquier otro ingrediente sólido y mezclar suavemente con una espátula).
Verter en el molde engrasado y hornear a 180°C (ventilador) durante unos 30 minutos. Dejar enfriar en el molde.
250 gr de Topfen (requesón parecido a la ricotta pero algo más seco y ácido – si utilizais ricotta a lo mejor necesita más harina)
125 gr de mantequilla fría
250 gr harina
una pizca de sal
relleno:
1 kg de manzanas algo ácidas, yo he utilizado Elstar
1 bolsa (8 gr) de azúcar vainillado
1 huevo para pincelar
Amasar los ingredientes de la masa y dejar reposar en un tupper en el frigo, por lo menos durante una hora (aguanta bastante más si lo queréis preparar con antelación).
Pelar y trocear las manzanas y ponerlas en una sartén junto con el azúcar vainillado. Dejar que “suden” a fuego lento durante unos 10 min. Apartar y dejar enfriar completamente. Esto es importante para que la masa no se reblandezca al rellenarlo.
Preparar el molde con mantequilla o papel para horno.
Enharinar la encimera y sacar la masa del frigo. Aplanar con un rodillo hasta que tenga un grosor constante y sea más o menos el doble de grande que el molde. Recubrir la base del molde de manera que el borde suba 1 o 2 cm, según el tamaño del mismo.
Recortar lo que sobre, hacer una bola y devolver al tupper/frigo.
Verter las manzanas y repartir uniformemente.
Calentar el horno a 180°C y volver a enharinar. Sacar el resto de la masa y amasar hasta tener un grosor constante. La forma da un poco igual. Cortar en tiras de grosor parecido.
Colocar las tiras sobre las manzanas – según las ganas y maña que se tenga se puede hacer alternando verticales y horizontales o trenzando como en la foto.
Coser los bordes con un tenedor para que no se abra durante la cocción.
Pintar con huevo batido sin escatimar y hornear durante unos 25-30 minutos según el tamaño.
Dejar enfriar un poco y cuando esté aún tibio, espolvorear con azúcar glasé y/o servir con helado de vainilla.
Bonus track:
con la masa que os sobre, haceis una bola y al tupper/frigo. Mientras el pastel está en horno, la sacáis, le dais un par de viajes con el rodillo y la cortais en trozos más o menos triangulares. Los enrollais comenzando por el cateto más corto, les ponéis el huevo que haya sobrado, los meteis al horno y ya teneis unos pseudos croissantitos estupendos para la merienda.
**) fuera de temporada mejor echarle tomates cherry que están algo mejor que los grandes. En este caso, es suficiente con cortarlos por la mitad.
Sofreir puerro y cebolla.
Añadir los tomates y dar unas vueltas.
Echar un poco de vino blanco, agua y/o caldo de verduras y dejar consumir.
Amasar con rodillo y recubrir el molde con la masa.
Batir los huevos y añadir la nata, queso, jamón y las especias.
Verter el sofrito sobre la masa y por encima, los huevos batidos con lo demás.
Hornear unos 30 min a 190°C recubierto con papel de aluminio (para la cuajación) y otros 15 min a 160°C sin cubrir (para la doración).
¿Que no teneis tiempo o cucharas para hacer la masa? Pues no pasa nada, las hay ya preparadas en el supermercado, y algunas hasta bastante buenas. Solo hay que desenrollar y forrar el molde. Eso sí, mirad bien el envase antes porque las hay circulares y cuadradas – no sea que os llevéis la que no es y os toque buscar la cuadratura del círculo.
Batir en un bol grande la leche, el azúcar y la mantequilla y batir unos minutos.
Agregar la levadura desmigada y los 2 huevos. Seguir batiendo.
Incorporar poco a poco la harina y la sal e ir amasando hasta obtener una masa no muy húmeda pero flexible. Si está muy pegajosa, dejar reposar un par de minutos y añadir otra cucharada de harina.
Dejar subir durante 1 hora, cubierto con un trapo de algodón.
(Este paso lo hago ahora en el microondas y es una maravilla)
Formar unas diez bolas del mismo tamaño y colocarlas sobre papel de horno de manera que queden tan separadas unas de otras como sea posible.
Tapar con el trapo, humedecer un poco y dejar reposar otra hora.
Calentar el horno a 250°C arriba y abajo.
Pintar con huevo batido, espolvorear con un poco de azúcar y hornear a 220°C durante unos 8-10 minutos.
Enfriar sobre rejilla e intentar que no caigan todos durante la cena.